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Sección 4. Técnicas para dirigir discusiones grupales

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  • ¿Qué es una discusión grupal efectiva?

  • ¿Por qué liderar una discusión grupal?

  • ¿Cuándo liderar una discusión grupal?

  • ¿Cómo liderar una discusión grupal?

Una coalición forma un equipo de trabajo para abordar el creciente nivel de VIH entre los adolescentes de la comunidad. Un grupo de padres se reúne para luchar debido a su percepción de que el distrito escolar está siendo injusto con sus estudiantes. Una clase universitaria sobre servicios sociales se enfoca en cómo tratar con participantes reacios. Los miembros de un grupo ecologista asisten a un taller sobre los efectos del calentamiento global. Un político convoca una reunión municipal con la ciudadanía con el fin de generar ideas para el desarrollo económico de la región. Un educador de salud comunitaria facilita un grupo de apoyo para dejar de fumar.

Todos estos pueden ser ejemplos de discusiones grupales, aunque tengan propósitos diferentes, se lleven a cabo en lugares distintos y probablemente sean dirigidas de distintas maneras. Las discusiones de grupo son comunes en una sociedad democrática, y como líderes comunitarios, es sumamente probable que hayamos participado y continuemos participando en muchas de ellas. Podemos incluso encontrarnos en la posición de dirigir una de ellas, y de eso es de lo que se trata esta sección. En esta última sección del capítulo sobre facilitación de grupos, examinaremos lo que implica dirigir bien un grupo de discusión y cómo empezar a hacerlo.

¿Qué es una discusión grupal efectiva?

La definición literal de una discusión de grupo es obvia: una conversación crítica sobre un tema en particular, o quizá una serie de temas, llevada a cabo en un grupo de un tamaño que permita la participación de todos los integrantes. Un grupo de dos o tres personas generalmente no necesita un líder para obtener una buena discusión, sin embargo, una vez que el número alcanza cinco o seis personas, un líder o facilitador  a menudo resulta útil. Cuando el grupo es de ocho o más personas, un líder o facilitador, formal o informal, es casi siempre necesario para asegurar una discusión efectiva.

Una discusión grupal es un tipo de reunión, pero difiere de las reuniones formales citadas en la Sección 1 de este capítulo en varios aspectos:

Puede no tener un objetivo específico – muchas discusiones de grupo son simplemente eso: un grupo expresando sus propias ideas sobre un tema determinado.Eso, a la larga, puede conducir a un objetivo… o no.

Es menos formal y puede no tener limitaciones de tiempo, un orden estructurado o una agenda.

Su liderazgo es normalmente menos dirigido que el de una reunión.

Enfatiza más el proceso (la consideración de ideas) que el producto (tareas específicas que deben cumplirse dentro de la propia reunión).

Estas diferencias son los motivos que han llevado a crear esta sección. Liderar un grupo de discusión no es lo mismo que dirigir una reunión. Es mucho más parecido a actuar como facilitador.

Una discusión de grupo eficaz está formada por un número de elementos:

  • Todos los miembros del grupo tienen oportunidad de hablar, expresando sus propias ideas y sentimientos libremente, y de terminar de decir todo lo que piensan.
  • Todos los miembros del grupo pueden escuchar las ideas y sentimientos de los otros, expresados abiertamente.
  • Los miembros del grupo pueden poner a prueba, con toda confianza, ideas que todavía no están completamente formadas.
  • Los miembros del grupo pueden recibir y responder a observaciones respetuosas, pero honestas y constructivas.  La retroalimentación puede ser positiva, negativa o meramente tener la misión de clarificar o corregir preguntas o errores pertinentes, pero en todos los casos, los comentarios se exponen respetuosamente.
  • Se exponen y discuten una variedad de puntos de vista.
  • Nadie domina la discusión.
  • Las discusiones, aunque pueden ser enérgicas, están basadas en el contenido de las ideas y las opiniones, y no en personalidades.
  • Incluso cuando hay desacuerdo, existe el entendimiento de que el grupo está trabajando unido para resolver una disputa, un problema, crear un plan, tomar una decisión, encontrar principios en los que todos estén de acuerdo o llegar a una conclusión desde la cual se pueda mover a una discusión posterior.

Muchas discusiones de grupo no tienen otro propósito específico que el de intercambiar ideas y opiniones. Finalmente, una discusión de grupo efectiva, es aquella en la que se oyen y consideran muchas ideas y puntos de vista diferentes. Esto permite que el grupo consiga su propósito, si es que existe uno o que se establezcan las bases para discusiones regulares o para contacto y colaboración futura entre sus miembros.  Existen muchos usos posibles para una discusión de grupo. Una lista parcial:

  • Crear una nueva situación – formar una coalición, lanzar una iniciativa, etc.
  • Explorar planes cooperativos o de colaboración entre grupos y organizaciones.
  • Discutir y/o analizar un problema, sin otro objetivo específico en mente, que el del entendimiento.
  • Crear un plan estratégico - para una iniciativa, una campaña de servicios de apoyo, una intervención, etc.
  • Discutir políticas o cambio de políticas.
  • Sacar a la luz preocupaciones y diferencias entre individuos y grupos.
  • Celebrar audiencias públicas acerca de propuestas de leyes o regulaciones, iniciativas, etc.
  • Decidir una acción.
  • Proporcionar apoyo mutuo.
  • Resolver un problema.
  •  Resolver un conflicto.
  • Planificar labores o un evento.

Los posibles estilos de liderazgo de una discusión de grupo también varían.Un líder o facilitador de grupo puede ser dirigente o no dirigente; es decir, puede intentar controlar lo que ocurre en gran medida; o puede suponer que el grupo debería estar bajo control, y que su trabajo es facilitar el proceso. En la mayoría de las discusiones de grupo, el líder, que suele ser relativamente no dirigente, contribuye a que se exponga una serie de ideas más amplia y a que se obtenga una experiencia más satisfactoria para los participantes.

Los líderes dirigentes pueden ser necesarios en algunas situaciones. Si es necesario alcanzar un objetivo en un periodo de tiempo corto, un líder dirigente puede ayudar a mantener la concentración en el grupo. Si la situación es particularmente difícil, un líder dirigente puede ser necesario para mantener el control de la discusión y asegurarse de que el énfasis se mantiene en las ideas y las opiniones, y no en la hostilidad e inculpación personal.

¿Por qué liderar una discusión grupal?

Hay dos maneras de ver esta pregunta: “¿Qué sentido tiene una discusión de grupo?” y “¿Por qué dirigir usted, y no otra persona, una discusión de grupo?”Examinemos ambas.

¿Qué sentido tiene una discusión grupal?

Como ya se explicó en los primeros párrafos de esta sección, las discusiones de grupo son comunes en una sociedad democrática. Existe un número de razones para esto, algunas prácticas y otras filosóficas.

  • Una discusión de grupo les da voz a todos los participantes. Ya sea que la intención de la discusión sea formar las bases para una acción, o simplemente sacar ideas, ésta permite a todos los miembros del grupo la oportunidad de expresar sus opiniones, estar de acuerdo o en desacuerdo con otros y hacer que sus ideas sean escuchadas. En muchas situaciones de liderazgo comunitario, los miembros del grupo pueden ser elegidos específicamente porque constituyen una sección representativa de la comunidad o una diversidad de puntos de vista.
  • Una discusión de grupo permite que se expresen y discutan una variedad de ideas. Un grupo tiene muchas más probabilidades de llegar a una buena conclusión si hay una mezcla de ideas sobre la mesa, y si todos los miembros del grupo tienen la oportunidad de pensar en dichas ideas y responder a ellas.
  • Una discusión de grupo es generalmente un proceso democrático e igualitario.  Refleja los ideales de la mayoría de grupos populares y comunitarios y fomenta una diversidad de puntos de vista.
  • Una discusión de grupo conduce a que éste sea dueño de las conclusiones, planes o acciones que se decidan. Como todos tienen oportunidad de contribuir a la discusión y de ser oídos, es posible sentir que todos han participado en llegar al resultado final y que éste les pertenece.
  • Una discusión de grupo efectiva anima a decir lo que piensan, a aquellos que normalmente pueden mostrarse reacios. A menudo, las personas más calladas tienen cosas importantes que decir, pero no son lo suficientemente decididos como para hacerse oír. Una buena discusión de grupo los animará a hablar y los apoyará.
  • Las discusiones de grupo pueden, a menudo,  abrir canales de comunicación entre personas que podrían no comunicarse de ninguna otra manera.  Las personas de procedencias muy diferentes, de ideología política opuesta, de diferentes culturas, que en la mayoría de las circunstancias nunca se pondrían en contacto, o confiarían lo suficiente entre ellos como para intentar comunicarse, pueden en una discusión de grupo, encontrar más puntos en común de lo que esperarían.
  • En algunos casos, una discusión de grupo es simplemente la manera más obvia, o incluso la única, manera de proceder. Varios de los ejemplos citados al principio de la sección -  el grupo de padres preocupados por su sistema escolar, por ejemplo o la clase universitaria – entran dentro de esta categoría, al igual que las audiencias públicas y reuniones similares.

¿Por qué dirigir usted, específicamente, una discusión de grupo?

  • Usted puede decidir dirigir una discusión de grupo o puede verse forzado a hacerlo. Algunos de los motivos más comunes por los que podría encontrarse en esa situación:
    • Es parte de su trabajo. Como consejero de salud mental, trabajador de servicios juveniles, coordinador de coalición, profesor, presidente de una junta directiva, etc., puede que usted esté obligado a dirigir discusiones de grupo regularmente.
    • Se lo han pedido. Debido a su reputación por su objetividad o integridad, debido a su posición en la comunidad o por su capacidad para liderar discusiones de grupo, usted puede ser la opción obvia para liderar una discusión determinada.
    • Es necesaria una discusión y usted es la opción lógica para dirigirla. Si usted es el presidente de un grupo de trabajo dedicado a confrontar el consumo de drogas en la comunidad, por ejemplo, es probable que se espere que usted dirija las reuniones de ese grupo de trabajo, y que lidere la discusión sobre ese asunto.
    • Fue su idea en primer lugar. La discusión de grupo, o su propósito, fue su idea, y la organización del proceso recae sobre usted.

Puede encontrarse en una de estas situaciones si usted entra una de las categorías de personas que a menudo son escogidas para liderar discusiones de grupo. Estas categorías incluyen (pero no están limitadas a):

  • Directores de organizaciones
  • Funcionarios públicos
  • Coordinadores de coalición
  •  Profesionales con habilidades para dirigir grupos – consejeros, asistentes/trabajadores sociales, terapeutas, etc.
  •  Profesores
  •  Profesionales de la salud y educadores sanitarios
  •  Miembros respetados de la comunidad. Estas personas pueden ser respetadas por su liderazgo – presidente de la Sociedad Rotaria, portavoz de un movimiento ecológico – por su posición en la comunidad  –  presidente de un banco, clérigo – o simplemente por sus cualidades personales – integridad, imparcialidad, habilidad para comunicarse con todos los sectores de la comunidad.
  • Activistas comunitarios. Esta categoría podría incluir a cualquiera, desde organizadores comunitarios “profesionales” a ciudadanos regulares a quienes les preocupa un tema o tienen una idea por la que quieren luchar.

¿Cuándo liderar una discusión de grupo?

La necesidad o el deseo de organizar una discusión de grupo podría darse en cualquier momento, pero hay momentos en los que es particularmente necesario.

  • Al inicio de algo nuevo. Tanto si se está diseñando una intervención, lanzando una iniciativa, creando un nuevo programa o una coalición, o embarcándose en un programa de apoyo u otra campaña, es probable que una discusión en grupo sea crucial para generar el mejor plan posible y generar apoyo comunitario y un sentimiento de propiedad sobre el mismo.
  • Cuando un problema no puede ser ignorado por más tiempo. Cuando la violencia juvenil alcanza un punto crítico, cuando el agua potable de la comunidad es declarada no apta para el consumo, cuando las tasas de infección de VIH  ascienden – éstos son momentos en los que los grupos necesitan reunirse para discutir el problema y desarrollar planes de acción para girar el péndulo en otra dirección.
  • Cuando distintos grupos necesitan unirse.Una manera de tratar la hostilidad racial o étnica, por ejemplo, es reunir grupos compuestos por representantes de todas las facciones involucradas.Las discusiones resultantes – y la oportunidad de que personas de distintos orígenes establezcan una conexión – pueden llegar lejos a la hora de abordar las preocupaciones de todos y de reducir tensiones.
  • Cuando un grupo ya existente está considerando el siguiente paso o intentando abordar un tema de importancia para él. Los empleados de una organización de servicio comunitario pueden, por ejemplo, querer planificar el trabajo de los meses siguientes o decidir cómo tratar a personas con  peculiaridades o problemas determinados.

¿Cómo liderar una discusión grupal?

En algunos casos, la oportunidad de liderar una discusión de grupo se puede dar de improviso; en otros, es concertada de manera más formal, planeada y esperada. En este último caso, se puede tener la opción de elegir un espacio y al menos estructurar la situación. En circunstancias menos formales, se tendrá que sacar el máximo partido de las condiciones existentes.

Empezaremos por ver las cosas que se podrían considerar si se tiene tiempo para prepararse. Seguidamente, examinaremos lo que conlleva ser un líder o facilitador eficaz, independientemente de las circunstancias externas.

Crear el marco

Si se tiene tiempo de prepararse con antelación, hay un número de cosas que se puede hacer para que los participantes se sientan más cómodos, y por lo tanto, para facilitar la discusión.

Elegir el lugar.

Si se puede permitir el lujo de escoger el lugar, se puede buscar un lugar cómodo e informal. Eso normalmente quiere decir, muebles cómodos que puedan cambiarse de sitio (para que, por ejemplo, el grupo pueda colocarse en círculo, permitiendo que todos puedan verse y oírse fácilmente). También puede ser un lugar alejado de lo cotidiano.

Una organización a menudo lleva a cabo debates en la terraza de un viejo molino que ha sido convertido en librería y cafetería. El sonido del chorro de agua del molino fluyendo hace que todo el mundo se relaje, y además fomenta el pensamiento creativo.

Proporcionar comida y bebida.

La máxima comodidad, y que además acaba con las barreras que existen entre las personas, es la de comer y beber.

Proveer materiales que ayuden a la discusión.

En la mayoría de las discusiones, por ejemplo, se utiliza papel de prensa y marcadores para apuntar las ideas.

Familiarizarse con el propósito y contenido de la discusión.

Si se tiene la oportunidad, se debe aprender todo lo posible sobre el tema que se va a discutir. Esto no quiere decir que uno tenga que volverse experto, pero  esto permitirá hacer buenas preguntas que ayudarán al grupo a generar ideas.

Asegurarse de que todo el mundo reciba la información necesaria, lectura u otro material, con la suficiente antelación para estudiarla.

Si se les pide a los participantes que lean algo, consideren preguntas, completen una tarea o simplemente se preparen para la discusión, es necesario asegurarse de tocar el tema y usar dicha tarea. No se le debe pedir a la gente que haga algo y después esto se ignore.

Liderar la discusión

Pensar en el estilo de liderazgo.

Lo primero que se tiene que pensar es en el estilo de liderazgo, lo cual ya hemos mencionado brevemente en esta sección. ¿Es usted un líder dirigente o no dirigente?  Lo más probable es que, como la mayoría de nosotros, usted se encuentre en algún punto medio entre los extremos del líder que establece la agenda y domina el grupo completamente, y el líder que, esencialmente, no dirige en absoluto. En la Sección 2 de este capítulo, Desarrollar destrezas de facilitación, se plantea el hecho de que muchos líderes de grupo o reunión son, de hecho, facilitadores, cuya principal preocupación es apoyar y mantener el proceso de trabajo del grupo.  Esto es especialmente cierto cuando se trata de una discusión de grupo, donde el proceso es, de hecho, el propósito de haber reunido al grupo.

Como se ha descrito en la Sección 2, un buen facilitador ayuda a que el grupo marque sus propias reglas, se asegura de que todos participen y nadie domine, fomenta el desarrollo y expresión de todas las ideas, incluyendo las ideas “extrañas”, y garantiza un proceso abierto, donde no hay conclusiones previstas y se respetan las ideas de todo el mundo. Los facilitadores son no dirigentes e intentan mantenerse fuera de la discusión, excepto para hacer preguntas o declaraciones que la favorezcan. En la mayoría de las discusiones, el papel del facilitador es probablemente un buen ideal por el cual luchar (vea la Sección 2 de este capítulo para obtener una explicación más detallada sobre la facilitación).

Es importante que pensemos en lo que nos hace sentirnos más cómodos filosóficamente, y cómo eso encaja con lo que nos hace sentirnos cómodos personalmente.Si queremos seguir un estilo no dirigente, pero tendemos a querer controlar todo lo que ocurre en una situación, puede que tengamos que aprender nuevas conductas con el fin de actuar según nuestras creencias.

Hacer que las personas se sientan cómodas.

Especialmente si la mayoría de las personas en el grupo no se conocen, es el trabajo del líder crear una atmósfera cómoda y establecer el tono de la discusión (vea la Sección 2, donde se citan algunas maneras de lograr esto).

Ayudarle al grupo a establecer las reglas básicas.

Las reglas básicas de una discusión de grupo son las pautas que ayudan a mantener la discusión por buen camino y evitan que degenere en insultos o simples discusiones. Algunas reglas que se pueden sugerir, si al grupo no se le ocurre cómo empezar:

  • Todos deben tratar a los demás con respeto: sin insultos, arranques emocionales o acusaciones.
  • No se dirigen acusaciones a personas - únicamente a ideas y opiniones. El desacuerdo debe ser respetuoso – sin ridiculizar.
  • No interrumpir. Escuchar la totalidad de las ideas de los otros – se trata de realmente escuchar, en vez de únicamente pensar en ideas propias.
  • Respetar el tiempo del grupo. Se debe intentar mantener los comentarios razonablemente cortos e ir al grano, para que los otros tengan la oportunidad de responder.
  • Considerar todos los comentarios seriamente e intentar evaluarlos imparcialmente. Las ideas y comentarios de los otros pueden hacer cambiar de opinión, o viceversa: es importante estar abierto a ello.
  • No ponerse a la defensiva cuando alguien discrepe con uno. Se deben evaluar ambas posturas y únicamente defender la propia si se continúa creyendo que se tiene la razón.
  • Todo el mundo tiene la responsabilidad de cumplir y mantener las reglas básicas.

El momento de establecer las reglas básicas puede también ser buen momento para mencionar la grabación de la sesión. ¿Quién tomará notas, registrará los puntos importantes, las cuestiones que necesitarán discutirse en más detalle y las áreas de acuerdo y desacuerdo? Si el “secretario” es un miembro del grupo, el grupo o el líder debería idear una estrategia que le permita también participar por entero en la discusión (vea la Sección 3 de este capítulo, Capturar lo que la gente dice: Consejos para grabar una reunión).

Generar una agenda u objetivos para la sesión.

El líder puede presentar una agenda sujeta a aprobación y cambiarla según lo requiera el grupo, o el grupo mismo puede crearla entre todos. Puede que en realidad no haya necesidad de agenda y el objetivo sea simplemente discutir un problema o idea. Si ese es el caso, debería ser acordado desde el principio.

Liderar la discusión.

El estilo de liderazgo puede definir lo activa o pasiva que se mantenga la discusión, pero el líder tiene, definitivamente, algunas responsabilidades. Éstas incluyen establecer o ayudar al grupo a establecer el tema de la discusión; guiar el proceso abierto; involucrar a todos los participantes; hacer preguntas u ofrecer ideas para favorecer la discusión; resumir o clarificar puntos importantes, argumentos e ideas; y dar fin a la sesión. Veamos estas responsabilidades, al igual que algunas cosas que los líderes de grupos de discusión deben y no deben hacer.

  • Establecer el tema. Si el grupo se ha reunido para discutir un asunto específico o para planear algo, el tema de la discusión ya está establecido. Si el tema no está claro, alguien tiene que ayudar al grupo a definirlo. El líder –haciendo preguntas adecuadas, definiendo del problema y promoviendo la generación de ideas – puede desempeñar ese papel.
  • Fomentar el proceso abierto. Esto quiere decir poner atención al proceso, contenido y dinámicas interpersonales de la discusión, todo al mismo tiempo – no es un asunto fácil.La tarea del líder no es decirle al grupo qué hacer o forzar determinadas conclusiones, sino asegurarse de que el grupo elija un tema apropiado que cubra sus necesidades, dejar claro que no hay respuestas “correctas” para empezar (no hay conclusiones previstas), que la discusión no sea dominada por una persona o pequeño grupo, que todo el mundo siga las reglas básicas, que la discusión sea civilizada y organizada y que todas las ideas estén sujetas a un detenido análisis crítico. El líder puede hacer comentarios sobre el proceso o sobre asuntos interpersonales cuando parezca necesario (“Parece que Juan está siendo el blanco de todos – ¿qué está pasando?”) o se puede hacer referencia al propio proceso abierto (“Parece que estamos asumiendo que debemos creer en X – ¿es eso verdad?”). La mayoría de las acciones del líder deberían estar dirigidas a servir como modelo o a mejorar el proceso abierto.

Parte del trabajo del líder es proteger los “derechos de las minorías”, por ejemplo, ideas impopulares o inusuales. Eso no quiere decir que tenga que estar de acuerdo con ellas, sino que tiene que asegurarse de que puedan ser expresadas, y de que la discusión sea respetuosa, incluso cuando haya desacuerdo (con la excepción de opiniones o ideas discriminatorias o descaradamente falsas). Las ideas raras a menudo resultan ser correctas, y no deberían ser reprimidas.

  • Implicar a todos los participantes. Esto forma parte de la dirección del proceso abierto, pero es lo suficientemente importante como para merecer una mención aparte. Para involucrar a las personas menos enérgicas o más tímidas, o a los que simplemente no consiguen intervenir lo suficientemente rápido, el líder puede pedirles su opinión directamente, animándoles con su lenguaje corporal (por ejemplo, sonreír cuando dicen algo, inclinarse y dirigir la mirada hacia ellos a menudo) y estando atento a los momentos en los que quieran hablar pero no consiguen hacerlo. Es importante, tanto para el proceso como para el intercambio de ideas, que todos tengan suficientes oportunidades de comunicar sus ideas.
  • Hacer preguntas u ofrecer ideas para que la discusión progrese. El líder debería estar al tanto del progreso de la discusión y poder hacer preguntas o proporcionar información o argumentos que estimulen el pensamiento, o de llevar la discusión al siguiente nivel cuando sea necesario. Si los participantes tienen problemas al lidiar con el tema, están desviándose hacia asuntos triviales o simplemente están perdiendo el interés, el líder es el encargado de hacer avanzar la discusión.

Esto es particularmente cierto cuando el grupo está atascado, o debido a que dos ideas o facciones opuestas han llegado a un punto muerto o porque nadie es capaz o está dispuesto a decir algo. En estas circunstancias, la habilidad del líder para identificar puntos de acuerdo o para hacer la pregunta que volverá a poner la discusión en marcha, es crucial para la efectividad del grupo.

  • Resumir o clarificando puntos, argumentos o ideas importantes. Esta tarea implica asegurarse de que todos los participantes entiendan algo que se acaba de plantear o los dos ángulos de un argumento.  Puede incluir replantear una conclusión a la que ha llegado el grupo o clarificar una idea o punto en concreto planteado por un individuo (“Lo que me ha parecido oír que decía…”). Lo importante es asegurarse de que todos entiendan lo que el individuo o grupo quiere decir en realidad.
  • Finalizar la sesión. A medida que se va llegando al final de la sesión, el líder debe ayudar al grupo a revisar la discusión y a hacer planes para los próximos pasos (más sesiones de discusión, acción, implicar a otras personas o grupos, etc.).  También debería repasar las funciones o tareas que se hayan acordado, asegurarse de que cada miembro sabe cuáles son sus responsabilidades y revisar los plazos de dichas responsabilidades. Otros pasos para llevar la sesión a un cierre incluyen obtener opiniones sobre cómo ha sido sesión – incluyendo sugerencias para mejorarla – señalando los logros del grupo y agradeciéndole su trabajo.

Lo que los líderes de discusiones deben y no deben hacer:

Deben:

  • Actuar como modelos del comportamiento y actitud que se espera de los miembros del grupo. Esto incluye respetar por igual a los miembros del grupo; fomentar  el proceso abierto; demostrar lo que significa ser un aprendiz (admitiendo cuando uno está equivocado, o no conoce un hecho o respuesta, y sugiriendo maneras de encontrarla); haciendo preguntas basadas en las afirmaciones de otros; concentrándose en posturas, y no en el hablante; prestando atención; replanteando argumentos mencionados por otros; secundando argumentos con hechos o lógica; accediendo cuando alguien tiene un buen argumento; aceptando críticas; pensando de manera crítica; cediendo la palabra cuando sea apropiado; incluyendo a todos los participantes y siendo sensible a las diferencias culturales, etc.
  • Emplear lenguaje corporal, tono de voz y palabras alentadoras. Se debe escuchar atentamente cuando las personas hablen, por ejemplo, manteniendo una postura abierta y accesible, sonriendo cuando sea apropiado y atendiendo cuidadosamente a todos, no sólo a los más elocuentes.
  • Proporcionar observaciones positivas cuando las personas se integren a la discusión. El líder debe sonreír, repetir los puntos resaltados por los miembros del grupo y, en todo momento, mostrar que valora la participación de todos.
  • Estar atentos a las reacciones y sentimientos de las personas e intentar responder apropiadamente.  Si un miembro del grupo se siente ofendido por los comentarios de los otros, parece desconcertado o confundido, comienza a enfadarse o a estar a la defensiva, depende del líder de la discusión el hacer uso de  las reglas básicas o seguir su propio tacto para tratar la situación. Por ejemplo, si alguien está ofendido, puede ser importante señalarlo y hablar sobre cómo hacer observaciones sin  llevar las cosas al plano personal. Si los miembros del grupo están confundidos, puede ser útil volver a mencionar los puntos que han causado la confusión o replantearlos más claramente. Estar al tanto de las reacciones de los individuos y del grupo en general, puede ayudar a exponer conflictos o a prevenir situaciones emocionales y malentendidos innecesarios.
  • Hacer preguntas abiertas. Al mover la discusión, los líderes deben utilizar preguntas que no puedan ser respondidas con un simple sí o no. En cambio, las preguntas deben requerir cierta reflexión por parte del grupo y deben buscar respuestas que incluyan razonamiento o análisis. La diferencia entre “¿Creen que la decisión del Presidente fue acertada?  y “¿Por qué piensan que la decisión del Presidente fue o no acertada? es inmensa. Mientras que la primera pregunta puede ser respondida con un sí o un no, la segunda requiere un análisis que apoye la opinión del hablante, al igual que la discusión del contexto y las razones de la decisión.
  • Controlar sus propios prejuicios. Aunque se debería señalar errores factuales o ideas que son inexactas e irrespetuosas hacia otros, un proceso abierto exige que los líderes se abstengan de imponer sus puntos de vista sobre el grupo y que eviten que los otros lo hagan. A los miembros del grupo se les debería pedir que tomaran decisiones razonables sobre las posturas o puntos de vista acerca de  los que quieren llegar a un acuerdo, y en última instancia, las ideas sobre las que el grupo se ponga de acuerdo deberían ser aquellas que tienen más sentido para ellos – tanto si coinciden con la postura de los líderes como si no. Señalar prejuicios - incluyendo los de los líderes - y discutirlos, les ayuda a todos a intentar ser objetivos.

Una pregunta que líderes – y miembros – de cualquier grupo se hacen continuamente, es qué hacer ante comentarios racistas, sexistas u homofóbicos, especialmente en un grupo homogéneo, donde la mayoría o todos los miembros, excepto el líder, están de acuerdo con ellos. No existe una respuesta contundente, aunque si los comentarios se dejan pasar sin respuesta, puede parecer que el líder aprueba la actitud mostrada.

La verdadera pregunta es cómo tratar los prejuicios. Lo ideal en este caso es que los otros miembros del grupo sean los que lo desafíen, y puede valer la pena esperar lo suficiente antes de intervenir, para ver si eso ocurre. Si no es así, el líder puede decir esencialmente, “Eso no está bien, y no voy a permitir ese tipo de diálogo aquí”, lo cual puede poner fin a los comentarios, pero no cambiará la opinión de nadie. El líder puede expresar su gran desacuerdo o incomodidad hacia ese tipo de comentarios y dejarlo así, o puede continuar con "Hablemos de ello después de la sesión", lo cual puede generar una verdadera discusión sobre prejuicios y estereotipos, y de hecho, cambiar parte de ese modo de pensar con el tiempo.

Las reglas básicas de las discusiones del grupo deberían tratar el tema del respeto a los demás, consiguiendo así que probablemente no se presente ese problema… pero no hay garantías. Tampoco estará de más pensar de antemano en cómo se quiere manejar el problema.

  • Fomentar el desacuerdo y ayudar al grupo a usarlo creativamente. No hay que dejar de lado los desacuerdos, sino analizarlos y usarlos. Cuando existen opiniones opuestas - especialmente si ambas pueden ser respaldadas con argumentos razonables – es cuando comienza la verdadera discusión. Si todo el mundo está de acuerdo en todos los puntos, entonces no hay, en realidad, ninguna discusión. El desacuerdo hace a las personas pensar. Puede no resolverse en una sesión, o no resolverse en absoluto, pero es la clave de una discusión con significado.

Con demasiada frecuencia, los conflictos – tanto si se trata de opiniones, visiones de mundo o personalidades opuestas – intimidan tanto a las personas que éstas intentan hacer lo posible para ignorarlos o restarles importancia. Esta reacción, no sólo deja el conflicto sin resolver (y por lo tanto en aumento, por lo cual será mucho más fuerte cuando salga a flote más adelante), sino que además impide examinar los problemas que dicho conflicto plantea. Si los conflictos se plantean de forma abierta y se discuten razonablemente, a menudo ambas partes se dan cuenta de que están tan de acuerdo como en desacuerdo, y pueden resolver sus diferencias uniendo sus ideas.Incluso cuando ese no es el caso, enfrentarse al conflicto razonablemente y ver las raíces de todas las ideas, puede ayudar a enfocarse en el problema en cuestión y proporcionar mejores soluciones que si una de las partes simplemente opera sola.

  • Mantenerse callados tanto como sea posible. Por lo general, los grupos de discusión son para los miembros del grupo. El dirigente puede ser un miembro del grupo, a quien el resto del grupo ha pedido que actúe como líder, en cuyo caso no hay duda de que tiene derecho a formar parte de la discusión (pero no a dominarla). Si uno es un facilitador externo o tiene el puesto de líder, es mejor limitar sus contribuciones a comentarios sobre el proceso, declaraciones sobre hechos, preguntas que impulsen la discusión y aclaraciones y resúmenes. El simple hecho de ser identificado como líder o facilitador, da a sus comentarios más fuerza que a los de otros miembros del grupo. Si uno se encuentra en una posición de autoridad o es visto como experto, dicha fuerza será incluso mayor. En cuanto más activa se mantenga esta persona en la discusión, con mayor intensidad el grupo considerará sus posturas e ideas como “correctas”, y habrá menos posibilidades de que éste saque sus propias conclusiones.

No deben:

  •  Dejar que una persona o pequeño grupo domine la discusión.  Las personas que son particularmente elocuentes o enérgicas, que tienen opiniones fuertes que quieren expresar urgentemente o que simplemente sienten la necesidad – y tienen la capacidad – de dominar, pueden apoderarse de una discusión mucho más de lo que les corresponde. Esto a menudo significa que las personas más calladas tienen poca o ninguna oportunidad de hablar, y que aquellos que discrepan con el individuo o individuos dominantes, son silenciados y dejan de intentar expresar sus puntos de vista. Depende del líder limitar el tiempo a los individuos que hablan más de lo que les corresponde, o a quienes intentan dominar la discusión. Esto puede hacerse de una manera relativamente cordial (“Éste es un punto interesante y con seguridad vale la pena el tiempo que hemos dedicado a él, pero hay otros puntos de vista que también deben ser oídos. Creo que Alicia ha estado esperando para hablar…”) y es esencial para el proceso abierto y la comodidad y efectividad del grupo.
  • No permitir que un punto de vista anule otros, a menos que esté basado en hechos y lógica, y esté de verdad, convenciendo a los miembros del grupo para que cambien de opinión. Si un punto de vista domina debido a sus méritos y porque apela al interés intelectual y ético de los participantes, no hay problema. De hecho, eso es lo que se espera de una buena discusión de grupo. Si un punto de vista domina debido a la agresividad de sus seguidores, o porque se presenta como algo a lo que no está bien oponerse (“Las personas que no están de acuerdo con el presidente, son antipatrióticas y odian su país”), entonces se trata de intimidación intelectual o chantaje, y eso es lo contrario a una discusión abierta. El líder debería indicar cuando eso está ocurriendo, y asegurarse de que se expresen y examinen otros puntos de vista.

A veces los individuos o facciones que están intentando dominar pueden perturbar el proceso del grupo. Las Secciones 1 y 2 de este capítulo contienen algunas pautas para tratar este tipo de situaciones.

  • No asumir que alguien tiene opiniones o posturas determinadas debido a su cultura, origen, raza, estilo personal, etc. Cada persona es individual y no puede ser juzgada por su apariencia exterior. No podemos averiguar lo que alguien piensa en realidad, mediante preguntas o escuchándole cuando habla.
  • De igual modo, no se debe asumir que alguien perteneciente a una cultura, raza u origen en particular, habla por todos los pertenecientes a su misma situación. Esta persona puede, o no, representar la opinión general de la gente que proviene de situaciones similares a la suya… o puede no existir una opinión general entre ellos. En una discusión de grupo, a nadie debería pedírsele que represente (tampoco nadie debe asumir que representa) a nadie más que a sí mismo.

La excepción se da cuando alguien ha sido elegido por su comunidad o grupo para representar su punto de vista en una discusión multisectorial. Incluso en dicha situación, el individuo puede encontrarse dominado por los argumentos de otros o puede tener ideas propias. Puede haber aceptado representar ideas determinadas que son importantes para el grupo, pero puede aun así tener sus propias opiniones, especialmente en otros campos.

  • No ser la fuente de toda sabiduría. Incluso si se sabe más sobre el tema de la discusión que la mayoría de personas del grupo (por ejemplo si se trata del profesor de una clase), si uno se presenta como la autoridad intelectual, se privará a los miembros del grupo de la oportunidad de discutir el tema libremente y sin presión. Además, algunos de ellos pueden tener ideas que no se han considerado o experiencias que les permita comprender el tema de una manera diferente. Los líderes deben actuar como modelos de comportamiento de aprendizaje, y no de enseñanza.

Si al líder se le piden su opinión directamente, debe responder honestamente. Sin embargo, tiene algunas opciones para hacerlo. Una es exponer su opinión, pero dejando muy claro que es una opinión, no un hecho, y que otras personas piensan de manera distinta. Otra es pedir que le dejen guardarse su opinión hasta el final de la discusión, para no influenciar las opiniones de nadie mientras dure la misma. Otra opción es dar su opinión una vez que todos los miembros del grupo hayan dado la suya, y después discutir las similitudes y diferencias de entre todas las opiniones y los motivos por los que cada uno sostiene la suya.

Si al líder se le pregunta algo directamente, quizá pueda responderla si se trata de una pregunta sobre hechos y sabe la respuesta, y si es relevante a la discusión. Si la pregunta no está bien definida, puede devolvérsela al grupo y usarla para estimular la discusión.

Seguimiento.

Incluso después de dar fin a la discusión, no necesariamente se habrá terminado. Si se ha actuado como “secretario”, puede tener que poner las notas de la sesión en orden, pasarlas a máquina y enviárselas a los participantes. Las notas también pueden incluir un resumen de las conclusiones a las que se ha llegado, al igual que las tareas o actividades de seguimiento acordadas.

Si se ha tratado de una sesión única, o de la última de una serie de reuniones, el trabajo puede haber acabado. Si por el contrario ha sido el principio, o parte de una discusión en curso, puede que se tenga mucho que hacer antes de la siguiente sesión, incluyendo contactar con gente para asegurarse de que han hecho lo que han prometido y preparar el papel de prensa que serán usado en la siguiente sesión, para que todo el mundo recuerde la discusión.

Dirigir una discusión grupal eficaz requiere preparación (si se tiene la oportunidad), entendimiento de lo que es un proceso abierto, compromiso para llevarlo a cabo y buena voluntad para dejar a un lado el ego y los prejuicios. Si podemos hacer estas cosas, lo más probable es que podamos convertirnos en líderes de discusión que ayuden a los grupos a obtener los resultados que desean.

Para resumir

Las discusiones de grupo son comunes en nuestra sociedad y tienen una variedad de propósitos, desde planear una intervención o iniciativa de apoyo mutuo para la resolución de problemas, hasta tratar asuntos de preocupación local. Una discusión de grupo efectiva depende de un líder o facilitador que pueda guiarla a través de un proceso abierto – el grupo elige lo que se discute, si no ha sido ya determinado, discute sin esperar conclusiones determinadas, fomenta argumentos y desacuerdos civilizados y se asegura de que todos los miembros estén incluidos y nadie domine. Ayudará enormemente que el líder tenga un estilo democrático o especialmente colaborador, y entienda cómo funcionan los grupos.

Un buen líder de discusión de grupo debe prestar atención al proceso y contenido de la discusión, al igual que a las personas que forman el grupo. Además, tiene que preparar el espacio y entorno en la medida de lo posible; ayudar al grupo a establecer las reglas básicas para que se desarrolle de manera civilizada y cómoda; proporcionar los materiales que sean necesarios; familiarizarse con el tema; y asegurarse de que los participantes reciban cualquier tarea o lectura previa a la discusión con suficiente antelación. Posteriormente, tiene que guiar la discusión, asegurarse de promover un proceso abierto; involucrar a todos y no dejar que nadie domine; ocuparse de los problemas y de las necesidades personales de cada participante cuando éstas afecten al grupo; resumir o clarificar cuando sea apropiado; hacer preguntas para mantener la discusión activa y dejar a un lado los intereses propios, el ego y los prejuicios.

No es una tarea fácil, pero puede ser sumamente gratificante. Una discusión de grupo efectiva puede sentar las bases para actuar y obtener un cambio real en la comunidad.

Contributor 
Phil Rabinowitz

Recursos impresos

Forsyth, Donelson R., Group Dynamics. (4th edition).  Belmont, CA: Thomson Wadsworth, 2006.

Johnson, David W. and Frank P. Johnson. Joining Together: Group theory and group skills. (8th edition).  Boston: Allyn & Bacon, 2002.

Recursos en línea

Suggestions for Leading Small-Group Discussions,” prepared by Lee Haugen, Center for Teaching Excellence, Iowa State University, 1998. Tips on university teaching, but much of the information is useful in other circumstances as well.

Project on Civic Reflection provides information about leading study circles on civic reflection.

Tips for Leading Discussions,” by Felisa Tibbits, Human Rights Education Associates.

Everyday-Democracy. Study Circles Resource Center. Information and publications related to study circles, participatory discussion groups meant to address community issues.