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  • ¿Qué es un taller?

  • ¿Por qué dar un taller?

  • ¿Cuándo realizar un taller?

  • ¿Cómo dirigir un taller?

  • Seguimiento posterior al taller

Seguramente usted ha participado en muchos talleres. Puede haber estado en un festival de música regional donde un intérprete famoso presentó un taller de guitarra y demostró algunas de sus técnicas. Puede haber asistido a una conferencia donde había talleres sobre cómo navegar en internet o sobre cómo vender a clientes reticentes. Hay talleres sobre todo tipo de temas: desde la decoración en repostería hasta el tratamiento de la esquizofrenia; todos estos talleres son de tiempo limitado y pretenden enseñar habilidades, técnicas o ideas prácticas y son dirigidos por alguien como usted.

Ahora es su turno de dirigir un taller. Puede capacitar personal o voluntarios para una nueva organización, dar una charla en una conferencia o intentar mostrar al mundo este método nuevo y fantástico que su organización ha desarrollado. Sea cual sea el caso, usted tendrá que entretener, educar e  inspirar a un grupo de personas a las que probablemente nunca ha visto antes. Esto puede sonar atemorizante, pero dictar un taller es en realidad muy parecido a cualquier otra actividad: si se prepara bien, se mantiene la calma y se respeta a los participantes, todo irá bien.

¿Qué es un taller?

Probablemente hay tantas respuestas a esta pregunta como talleres y presentadores de talleres; sin embargo, en general, un taller de trabajo es un programa educativo corto (aunque esto puede significar desde 45 minutos a dos días enteros) y único diseñado para enseñar o presentarles a los participantes habilidades, técnicas o ideas prácticas que después podrán usar en su trabajo o en su vida cotidiana. La mayoría de los talleres tienen varias características en común:

  • Grupos pequeños de 6 a 15 participantes, lo que permite dar a todos algo de atención personal y la oportunidad de ser escuchados.
  • A menudo se diseñan para gente que trabaja en un mismo lugar o en el mismo campo.
  • Son dictados por personas que tienen experiencia real en el tema a discutir.

La presentación no tiene que limitarse a una persona. La ayuda de co-instructores o co-facilitadores no sólo es común sino que expande en gran medida las posibilidades de un taller y hacen que el trabajo de cada persona sea más fácil. Cada co-instructor puede encargarse de partes específicas del taller o todos pueden trabajar en conjunto, dependiendo de la estructura y propósito del taller. En cualquier caso, buscar uno o más co-instructores o co-facilitadores siempre es una posibilidad si se está planeando realizar un taller.

  • Suelen ser participativos. Es decir, los participantes tienen un papel activo porque influyen en la presentación del taller y porque tienen la posibilidad de poner en práctica las técnicas, habilidades u otras cosas que se discuten en el taller.
  • Son informales; hay mucho debate además de participación, a diferencia de lo que ocurre cuando un profesor presenta un material que estudiantes deben absorber.
  • Son limitados en tiempo; en general se limitan a una sola sesión, aunque algunos pueden requerir varias sesiones durante un periodo de tiempo dado (Ej. Una vez a la semana durante cuatro semanas, dos sesiones de día completo en un fin de semana).
  • Son independientes. Aunque un taller pueda terminar con folletos y sugerencias sobre lecturas adicionales o estudio para aquellos interesados, en general la presentación pretende ser autónoma en sí misma, a diferencia de un curso que depende en muchas lecturas y otros proyectos (trabajos, presentaciones) además de las actividades de clase.

¿Por qué dar un taller?

¿Por qué elegir un taller, cuando se podría usar otro método como un círculo de estudio, un curso, capacitación en el trabajo, etc.? Debido a que existen formas distintas de enseñar a la gente y porque la gente aprende cosas de distintas maneras, un taller tiene algunas ventajas (y también algunas desventajas, como la falta de tiempo) sobre otros métodos que los hacen ser una buena alternativa en determinadas circunstancias.

  • Un taller ofrece una forma de crear una experiencia educativa intensa en un periodo corto de tiempo, cuando no hay tiempo para realizar un esfuerzo más integral. Es muy posible que los participantes tengan que ir a sus trabajos, vivan demasiado lejos como para realizar encuentros periódicos, o simplemente no puedan comprometerse por periodos de tiempo muy largos. Un taller puede introducir un concepto nuevo, estimulando a los participantes a investigar más por sí mismos o puede mostrar y fomentar la práctica de métodos reales.
  • Es una buena forma de enseñar habilidades de forma práctica porque ofrece a los participantes la oportunidad de probar nuevos métodos y equivocarse en una situación segura. Con frecuencia, el fracaso es el mejor maestro y en este contexto fracasar no tiene consecuencias. Al mismo tiempo, la retroalimentación, tanto de la persona que dicta el taller como de los miembros del grupo, ayuda al participante a entender qué puede hacer para evitar los errores en una situación real.
  • Un taller es una forma de traspasar a los colegas ideas y métodos que uno puede haber desarrollado o que considere importantes. Puede que no sea fácil dictar un curso de postgrado, pero se puede llegar a mucha gente realizando talleres en distintas situaciones.
  • Especialmente para las personas que trabajan juntas, un taller puede ayudar a crear un sentimiento de comunidad u objetivo común entre los participantes.

¿Cuándo realizar un taller?

Un taller, tal como se explicó antes, puede ser valioso en algunas circunstancias. ¿Cuándo surgen esas circunstancias y cuándo elegir un taller por sobre otros métodos de educación o formación? Hay una serie de situaciones en que un taller sería la mejor elección:

  • El comienzo de algo nuevo. Si la organización está adoptando un nuevo método o la iniciativa comunitaria ha tomado un nuevo camino, suelen haber una serie de información o formas de funcionamiento nuevas que la gente tiene que aprender. Un taller, o una serie de talleres, es una forma de presentar estos cambios en un corto tiempo y hacer que la gente se prepare.
  • La formación inicial de personal o voluntarios. Los talleres suelen ser una buena forma de enseñar a nuevos miembros del personal o voluntarios la filosofía, métodos y funcionamiento de la organización o presentar técnicas que van a necesitar para hacer su trabajo.
  • La formación continua en el trabajo de personal o voluntarios. Los talleres sobre distintos temas, técnicas, etc. son una buena forma de mantener al personal y voluntarios alertas y conscientes de lo que están haciendo.
  • Desarrollo de personal. Los talleres se suelen usar como forma de perfeccionar habilidades profesionales y aprender sobre nuevos acontecimientos en el área.
  • La demostración de un concepto nuevo. Si alguien en una organización ha estado expuesto a una nueva idea o técnica especialmente interesante, esa persona podría realizar un taller para presentarla a sus colegas o la organización podría invitar a alguien a que lo haga.
  • La explicación de algún tema al público: La organización puede dictar un taller para el público sobre su misión para asegurarse de que la gente está informada sobre su causa o sobre lo que se está haciendo al respecto. Un programa de alfabetización para adultos puede realizar un taller sobre analfabetismo en su zona, por ejemplo, o puede organizar uno en un refugio para personas sin hogar sobre las causas y consecuencias de la falta de hogar.
  • La disponibilidad de un presentador experto. Cuando una persona tiene experiencia particular sobre un tema, es posible que se le pida presentar un taller para el personal o los miembros de otra organización, para el público, en una conferencia, etc. Las personas conocidas suelen recibir frecuentes invitaciones (pagadas) para viajar largas distancias para presentar un taller.

¿Cómo dirigir un taller?

Incluso si nunca se ha hecho antes, se puede dirigir un buen taller si se presta atención a todas las fases del proceso. Hay tres fases para dirigir un taller: planificación, preparación e implementación (o dictar el taller). Además, una vez realizado es importante seguir en contacto con los participantes para recibir comentarios sobre el taller y así poder mejorarlo la próxima vez. A continuación revisaremos cada una de estas fases por separado.

Planificación

Una vez que se sepa cuál será el tema, planificar un taller significa finalmente pensar qué se puede hacer para guiar a los participantes en esa experiencia, y qué se espera que aprendan de ella. Para hacerlo, se tiene que tomar en cuenta una serie de factores:

Considerar el tema. El primer elemento en la planificación de un taller es saber de lo que se está hablando. No importa cuán interactivo o participativo sea el taller, aun así se tiene que tener un buen dominio del tema que se está presentando. Se debe hacer tarea, y así se estará seguro de poder lidiar con la mayoría de las preguntas y problemas que puedan surgir. Esto no significa que se tenga que saber absolutamente todo sobre el tema, pero sí que se tiene que conocerlo razonablemente bien y entenderlo lo suficiente para poder ayudar a los participantes a aplicar los conocimientos en el contexto de sus trabajos y vida cotidiana.

Considerar la audiencia. La audiencia, la gente que en realidad será parte del taller, es probablemente la parte más importante del rompecabezas en esta fase. Entender a la audiencia y sus necesidades es lo que más servirá para ayudar a decidir qué hacer y cómo hacerlo

  • Qué saben del tema? Si se espera que la mayoría de los participantes esté familiarizado con cierto material básico o que tenga cierto tipo de experiencia, esto puede afectar en gran medida cómo y hasta qué grado se decide presentar el material.

Algunas veces puede hacer algún tipo de estudio previo. Si se va a presentar un tema a un grupo u organización particular, es posible que se pueda averiguar algo de la persona de contacto o de los mismos participantes que serán la audiencia, para saber en qué nivel están, cuál ha sido su experiencia y qué esperan del taller. Preguntar sobre la audiencia es parte de lo que se espera de un presentador precavido.

En otras circunstancias, como en una conferencia muy concurrida, por ejemplo, es posible que no haya forma de anticipar cuánto saben los participantes. En ese caso, puede ser recomendable preparar una serie de materiales y actividades y comenzar el taller preguntando a la gente qué saben acerca del tema. Al hacerlo de esta forma, se puede cubrir las necesidades de la mayor parte de los participantes y estar seguro de que no pasa por encima de nadie ni nadie se aburre demasiado.

  • ¿Está el material fuera de su alcance? Conocer el contexto de la experiencia de los participantes puede ayudar a entender cómo presentar el material.
  • ¿Cuál es su campo? Puede esperarse que la gente de algunos campos sea más comunicativa o introspectiva o extrovertida que la de otros. Se tendrá más posibilidades de encontrar un grupo de trabajadores sociales dispuestos a discutir sus emociones que un grupo de trabajadores de la construcción, por ejemplo. También se puede requerir más creatividad que los trabajadores de la construcción entiendan por qué ese tipo de debate puede ser una buena idea. Es importante encontrar formas de presentar el material para que tenga algún sentido para los participantes de este taller específico, sin alejarlos demasiado de su área.

En realidad, un grupo puede ser muy tranquilo o muy volátil, muy apático o extremadamente receptivo o (lo más probable) en algún punto intermedio. Dependerá en gran medida de una o dos personas que establezcan el tono, independientemente de si los miembros del grupo se conocen entre ellos de antes o no. El tipo de grupo que se forme tiene mucho que ver con qué tipo de taller será el más adecuado. Por ejemplo, si el grupo es muy callado, el debate estará casi muerto pero las actividades basadas en el movimiento pueden funcionar bien. Si el grupo discute mucho, se puede aprovechar esa característica y dividir a la gente en pequeños grupos para que discutan problemas hipotéticos sobre el tema. Entender que no es posible predecir ayudará a planificar para distintas posibilidades.

  • ¿Se conocen y/o trabajan juntos? Si es así, es posible que se pueda ahorrar las presentaciones (dependiendo de cuán bien se conozcan entre sí) y se pueda planear un taller que aborde inquietudes comunes.
  • ¿Vendrán con alguna actitud especial hacia el taller? Lo harán si se ofrece material que se opone a todo lo que piensan que es verdad. ¿Se presentará un nuevo concepto o método que entre en conflicto con lo que han estado haciendo o con su formación anterior? Si es así, lo primero que se debe abordar es su hostilidad o escepticismo. Por otra parte, pueden estar sumamente predispuestos a  favor  de la perspectiva del taller si lo que se ofrece parece ser la solución a un problema difícil.

Esto no implica que desafiar intencionalmente las creencias de los participantes del taller sea mala idea. Suponiendo que se pueda hacerlo sin faltarles al respeto, como decirles que son tontos, ese tipo de taller es a menudo el más eficaz y puede lograr el aprendizaje más significativo para los participantes. La mayoría de las personas se siente incómoda con el cambio y las nuevas ideas, pero al mismo tiempo se siente estimulada por ellos. Si se puede presentar algo nuevo que los participantes puedan considerar, se habrá hecho el trabajo con creces.

  • ¿En qué circunstancias asisten al taller? ¿Lo han escogido entre varias posibilidades (como en una conferencia)? ¿Pidieron que se realizara el taller? ¿Es un requisito de su trabajo o para cumplir exigencias de certificación, licencia o algún otro tipo de credencial? ¿Es parte de su trabajo (formación, re-formación, desarrollo de personal, por ejemplo)? ¿Es para aprender algo obligatorio  para poder hacer su trabajo correctamente? Cada una de estas razones implica una actitud, un nivel de interés y un compromiso distintos y un enfoque diferente por parte del presentador.

Considerar el tamaño del taller. Si el grupo es del tamaño ideal para la mayoría de los propósitos (entre 8 y 12 personas), se pueden organizar actividades que involucren a los participantes como individuos, en pequeños grupos (2-4) y con todo el grupo. Si el grupo tiene más de 15 personas, probablemente se quiera dividirlo para algunas actividades. Si tiene menos de 7 u 8 participantes, puede ser mejor que todo el grupo trabaje en conjunto durante la mayor parte del taller.

La razón por la que 8-12 es el tamaño ideal se debe a que es lo suficientemente pequeño para que todos puedan tener respuestas a sus preguntas y recibir atención individual del presentador, pero es lo suficientemente grande para generar un debate animado. Si el grupo es mayor de 15, las voces de algunas personas, generalmente los más callados, tienden a perderse; si es menor de 6-8, puede que no haya suficientes opiniones, preguntas e ideas circulando.

Considerar el tiempo disponible. Los talleres pueden tomar desde una hora o menos hasta un día entero o más. Es importante que los objetivos para el taller se adapten al tiempo disponible. Esto significa no solamente planificar la presentación para llenar el tiempo de manera apropiada, sino hacer coincidir la cantidad de material a cubrir con el tiempo disponible. En especial si el tema es totalmente nuevo para los participantes, se necesitarán mucho tiempo para aclaraciones, preguntas, etc., para poder entenderlo bien.

Una regla general es que se debe intentar reservar un tiempo para cada parte del taller por anticipado. Se debe ensayar las diferentes partes para ver cuánto puede tomar o cuánto tiempo se les quiere dedicar (por ejemplo, si le va a pedir a la gente que escriba sobre algo, primero debe intentar hacerlo el instructor y ver cuánto tiempo se demora). Rara vez se puede ser exacto al 100%, pero seguramente se puede llegar a una aproximación y así se tendrá un esquema del taller y una idea razonable de qué se puede esperar con el tiempo que se tiene.

Taller corto: 45-90 minutos. Un taller de duración tan corta se hace todavía más corto de lo que parece. Es posible que la gente llegue entre cinco y quince minutos tarde, y se perderá más tiempo si se tiene que repartir materiales, usar equipos, etc. Esto significa que será necesario reducir el material para presentar lo que sea realmente más importante. Aunque siempre es bueno preparar de más (ver la parte de Preparación, abajo), la realidad es que pocas veces se consigue hacer todo lo que se pensaba. Un taller de esa duración es probablemente mejor usarlo como medio de introducción y discusión de un nuevo concepto o tema de preocupación. Tiene poco sentido intentar enseñar una habilidad específica a menos que sea muy limitada. Si puede aprenderse en cinco o diez minutos, y practicarse en el mismo periodo de tiempo, vale la pena intentarlo. Si es algo más complicado que eso, se necesita un taller más largo.

Taller de duración media: 90 minutos a 3 horas. Con esta duración, un taller puede empezar a abordar ideas y conceptos con alguna profundidad y enseñar algunas habilidades. Algunas consideraciones sobre un taller de duración media:

Variar las actividades. Este tipo de taller es bastante largo por lo que los participantes pueden aburrirse o verse abrumados. Dos o tres horas de charla consecutiva puede lanzar a mucha gente por la puerta en busca de aire fresco. Dividir el tiempo implicando a los participantes en una serie de distintos tipos de actividades es mucho más apropiado para su aprendizaje que pedirles que se sienten y hagan una sola cosa durante todo el tiempo.

Capacidad de atención: Diversos estudios han demostrado que la mayoría de las personas comienza a perder la concentración después de 20 minutos a media hora. Al final de la hora, su nivel de atención ha caído en más del 50% (y en algunos casos mucho más que eso). La atención puede recuperarse cambiando de actividad, cambiando de tema o de métodos de presentación, etc. Incluso la pequeña pausa en el taller motivada por el cambio de una actividad a otra es suficiente para refrescar a la gente y mantenerla interesada.

Alternar la seriedad del material. Intercalar actividades o ideas que sean divertidas o humorísticas con otras que son más serias puede no sólo mantener a los participantes despiertos y alertas, sino también facilitar el aprendizaje.

Planificar una pausa. Esto puede ayudar al problema de la capacidad de atención y permitir a los participantes tomar un café, ir al baño, etc. sin perturbar el curso del taller. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que las pausas siempre toman más tiempo del planeado inicialmente. Se debe añadir unos cinco o diez minutos al tiempo que se le da a la gente, así se estará seguro de que cuando todo el mundo vuelva a la clase y se siente, habrán pasado al menos ese tiempo extra.

Incluso un taller largo no es tan largo como se piensa, se debe considerar atentamente la cantidad de material que se puede presentar de forma adecuada en ese periodo de tiempo y la cantidad de ese material que la gente puede absorber en la práctica. Se puede usar este tiempo para presentar una cantidad relativamente pequeña de material en una serie de distintas maneras, para que los participantes abandonen el taller con una clara comprensión del mismo. También, es posible seleccionar lo que la gente realmente necesita saber del tema y concentrarse en eso, intentando darles suficiente material sobre él mismo; incluso si no logran comprenderlo totalmente, se sentirán lo suficientemente intrigados para continuar investigando y aprendiendo por su cuenta.

Además de considerar cuanto material es apropiado para la cantidad de tiempo que se tiene, se debe pensar en cuánto (si es usted el presentador) se sabe del tema. Algunas veces, los talleres más exitosos son dirigidos por presentadores que sólo saben un poco más que los participantes. En esos casos, los presentadores no están tan preparados para intentar meter demasiado material ni se vuelven demasiado técnicos. Es necesario recordar cuánto tiempo realmente puede tomar aprender eso: puede ser meses o incluso años, antes de que se comprenda el tema completamente. Como presentador, primero se debe intentar recordar cómo fue su introducción al tema y qué aprendió realmente de ella, y entonces planificar el taller.

Los participantes necesitan tiempo para hablar y conectarse. La oportunidad para conocerse e intercambiar ideas es uno de los principales valores de un taller para mucha gente, y no debería ser menospreciado.

Taller largo: más de 3 horas. Un taller largo tiene algunas desventajas, pero a cambio permite presentar el material con alguna profundidad y realizar una serie de actividades. Seis horas concentradas de trabajo al día es lo máximo que la mayoría de la gente puede soportar. Es necesario asegurarse de considerar varias pausas, tanto por la necesidad de estirarse e ir al baño como por la capacidad de atención de los participantes. Algunas consideraciones sobre los talleres de larga duración:

  • Se puede abordar en detalle problemas específicos. Aquí se tiene la oportunidad de seguir el interés del grupo explorar ideas que son relevantes para las situaciones particulares de los participantes o simplemente presentar ideas con mayor profundidad.
  • Se puede planificar bloques de tiempo más largos para actividades y temas individuales. Sin embargo, es importante estar conscientes de la necesidad de dividir los segmentos largos del taller. Es necesario fijarse en los ojos de los participantes por si se están quedando dormidos y se debe estar preparado para cambiar rápidamente a otra cosa (especialmente algo activo y divertido) si esto ocurre.
  • Se puede destinar más tiempo para la práctica de habilidades nuevas y más tiempo para la discusión sobre las actividades. Quizás la ventaja más grande de un taller largo es que permite a los participantes el tiempo para reflexionar, tanto a nivel individual como en grupo, lo cual es una parte crucial del proceso de aprendizaje.
  • Se puede destinar más tiempo para el seguimiento de las preguntas de los participantes (puede ser tentador, por otra parte, entrar en una conversación con un participante sobre su interesante pregunta mientras el resto del grupo se duerme. Se debe tener cuidado e  intentar no caer en esa tendencia).
  • Se puede presentar tanto el contexto como los detalles del tema (Ej. características de la población infectada con VIH y técnicas de prevención del SIDA para la comunidad).
  • Se puede ofrecer o fomentar la comida y bebida. Eso ayuda a mantener alerta a la gente, y establece un tono relajado y amigable, al tiempo que se mantiene el interés a largo plazo porque se elimina la necesidad de pensar en si se tiene hambre o sed.
  • Es más difícil calcular cuánto tiempo tomarán los segmentos en un taller largo porque los presentadores tienden a dejar continuar las actividades si piensan que están funcionando (después de todo, hay mucho tiempo), y a menudo se encuentran que no pueden llegar a abordar todos los puntos que habían pensado. Se debe decidir si se quiere adherirse al plan y limitar las actividades al tiempo que se había considerado para ellas o seguir la corriente, dejar que las cosas sigan si a los participantes les parecen importantes. Ninguna de estas opciones es “correcta" o "incorrecta": Depende de las necesidades del grupo y del presentador. Preguntar al grupo es normalmente una buena forma de decidir cómo proceder.

Considerar el objetivo del taller. Los talleres se dan por fines muy distintos, y cada uno implica métodos específicos de presentación y otros detalles. Algunos objetivos comunes y sus implicaciones:

  • Enseñar a los participantes una habilidad que pueden tener que usar o tendrán que usar en el futuro (un taller de primeros auxilios para trabajadores sociales que lidian con menores, por ejemplo). Este tipo de taller serán en general con poca charla y mucha actividad. Si la gente va a usar lo que están aprendiendo, obviamente será importante para ellos practicarlo, y eso es probablemente en lo que se debería centrar el taller.
  • Dar a los participantes la posibilidad de practicar y dar su opinión sobre las técnicas y conceptos que ya conocen. De nuevo, el énfasis aquí debería ser probablemente en la acción, en poner en práctica lo que está se está enseñando y en recibir consejos y opiniones sobre el desempeño de los estudiantes por parte del presentador y otros participantes del grupo.
  • Mejorar el conocimiento actual de los participantes acerca de los conceptos, técnicos y métodos en cuestión (nuevas investigaciones, mejora de técnicas, etc.). Se tiene que practicar una nueva técnica; un enfoque nuevo sobre un concepto familiar puede implicar sólo debate.
  • Enseñar a los participantes un concepto nuevo que puedan aplicar posteriormente en su trabajo (por ejemplo, un taller para trabajadores sociales urbanos sobre cómo las bandas actúan como familias sustitutas para sus miembros). La presentación en este caso puede estar más orientada a la discusión, ya que la gente necesitará asimilar las nuevas ideas y hablar sobre cómo se conectan con ellas y cómo pueden afectar lo que hacen.
  • Familiarizar a la gente con material importante para su trabajo, aunque no éste no tenga conexión directamente con ellos (como las leyes para personas con discapacidades físicas o las normas de privacidad). Un taller de este tipo probablemente implique una presentación directa de información, con alguna practica y debate sobre resolución de problemas (una persona X llega a su organización con ese problema; ¿cómo lo manejaría?). Se puede terminar con una sesión de preguntas y respuestas, en parte porque las leyes y normativas son en general confusas y en parte porque causan mucha ansiedad.
  • Entregar, o ayudar a conseguir, una credencial relacionada con el trabajo para lograr un ascenso  o para un empleo inicial, por ejemplo, o para alguna certificación o licencia. Esta categoría podría incluir cualquier tema desde instrucciones de maniobras de resucitación hasta formación en sensibilidad cultural, y éstos a su vez pueden incluir una serie de actividades o métodos de presentación.
  • Usar un taller como forma de ayudar a los participantes a sentirse cómodos entre ellos y/o su situación. A menudo se usa en orientación universitaria o para crear equipos en temas laborales. Los talleres de este tipo normalmente consisten en un gran número de actividades de respuesta rápida, que pueden causar risa o solucionar problemas de forma cooperativa o a veces ambas cosas. Una charla suele ser beneficiosa para entender las actividades y sus efectos en los participantes.
  • Introducir a la gente a una nueva forma de mirar el mundo, ya sea al desempeñarse como ayudante en su trabajo, en una situación como voluntario o como parte de una educación pública (por ejemplo, un taller sobre teorías de desarrollo moral). Este tipo de taller permite realizar actividades muy variadas: enseñanza directa, debate sobre situaciones hipotéticas, intentar resolver dilemas morales, juego de roles, etc. En general, en cuanto más formas distintas de experimentar un concepto tenga la gente, es más probable que lo entiendan.

Considerar la presentación del tema. El estilo de su presentación, tanto el estilo personal como los métodos de presentación que se empleen, puede determinar de manera importante la efectividad del  taller. Parte de esto dependerá de la personalidad y experiencias del presentador, pero aquí ofrecemos algunas directrices generales que pueden ser útiles.

  • Facilitación. Los presentadores del taller a veces son llamados facilitadores. Un facilitador (del latín facile, que significa “fácil”) es alguien que suaviza el camino para los demás. No es un líder, exactamente o una figura de autoridad, sino más bien un tipo de guía: alguien que camina junto al participante y lo ayuda a decidir qué camino tomar. En general, la facilitación es más útil en un taller que “instruir”. Se llama taller de trabajo porque los participantes normalmente tienen la posibilidad de hacer algo, interactuar realmente en sus propios términos con lo que se está presentando. Un facilitador puede hacer más fácil esa experiencia, mientras que un instructor puede ser más apto para contar o estructurar la experiencia.

El prejuicio del autor es sin duda obvio en este punto. Normalmente toda buena enseñanza es en realidad facilitación, al menos en algún grado. Para poder aprender algo, y especialmente para asimilarlo a un nivel profundo, uno tiene que vivirlo, luchar con ello, reflexionar sobre ello, vivir con ello. Un buen facilitador hace posible que cada participante se relacione con el nuevo aprendizaje a su manera y lo resuelva por sí mismo, en vez de decirle qué tiene que pensar o cómo tiene que abordar un concepto. Es más probable que los participantes estén atentos durante el taller si la persona al frente actúa como un facilitador y si es accesible como persona.

Con esto no queremos decir que nunca haya un espacio para la enseñanza, mientras ésta no domine por completo el taller. Si el presentador es una “estrella” en su campo, los participantes pueden querer oír lo que tiene que decir y no ser “facilitados".

  • Consistencia de la presentación y tema del taller. El método y estilo de presentación debería, dentro de lo posible, imitar al tópico. Si se está dirigiendo un taller sobre la educación experimental, por ejemplo, el taller debería ser experimental. Un taller sobre leyes para ciudadanos con discapacidades debería realizarse en un espacio accesible físicamente y demostrar sensibilidad hacia las inquietudes de las personas con discapacidades. Si el taller presenta una nueva técnica, está debería practicarse tanto en la presentación como en las actividades. En un taller bien presentado, los participantes aprenden tanto de los métodos y estilo de presentación como del contenido del taller.
  • Participación directa de los asistentes. Los talleres son mucho más efectivos y entretenidos si implican a los participantes en actividades, discusión e interacción con otros que si simplemente se les inunda de información. Hay muchas oportunidades para practicar habilidades, debates en grupo pequeños y grandes, informar sobre los debates, resolución de problemas en forma individual y en grupos pequeños y grandes, etc. Esto dará a todos los integrantes del grupo la oportunidad de tener un papel activo.
  • Variedad de métodos y actividades. Como ya se ha mencionado, variar los métodos de presentación y actividades ayudará a la gente a mantenerse atenta, tocará los diferentes estilos de aprendizaje de los participantes y hará que el taller sea más interesante y divertido tanto para el presentador como para los participantes. Algunas posibilidades a considerar son:
    • Incluir algún tipo de actividad práctica donde las personas puedan estar activas físicamente.
    • Incluir actividades en grupo e individuales.
    • Las actividades deben ser interesantes, o al menos participativas.  Se debe evitar ser un "busto parlante" en la medida de lo posible.
    • Si es apropiado, se debe incluir varios tipos de material audiovisual como videos, cintas de audio, diapositivas, proyección de imágenes de computador, etc.
    • Incluir formas innovadoras de presentar el material directamente: una obra de teatro, una parodia interactiva, una canción, una caricatura, etc.
    • Siempre incluir una práctica de alguna técnica o método que se está presentando, incluso si es sólo por un tiempo corto, para dar a los participantes la oportunidad de ver cómo funciona.

Cuanto más creativo se pueda ser, mejor. Las actividades en las que los participantes trabajan con objetos físicos son en general buenas formas de aprendizaje. Hay algunas muy obvias (los talleres para profesores de matemática elemental siempre incluyen muchas cosas “para manipular”, cosas para demostrar conceptos de matemáticas como bolas de ping pong), pero las opciones son infinitas. El autor asistió a un taller fantástico sobre inteligencias múltiples en el cual pequeños grupos tenían que diseñar y construir pueblos con bloquecitos de plástico y otros materiales. Se debe pensar de forma tan extravagante como se pueda.

  • Cosas para llevarse a casa. Es necesario asegurarse de que los participantes reciban copias impresas de las transparencias o diapositivas que contienen información importante, así como algún resumen de los puntos principales del taller y cualquier otra cosa que se crea importante. Esto ayudará a los participantes a recordar después de qué se trataba el taller y les servirá para transmitir las ideas a otros.
  • Tiempo de reflexión. La reflexión es clave para el aprendizaje. Si parte del estilo de la presentación es pedir a los participantes que reflexionen o discutan sobre cada actividad, se les estará ayudando de dos formas: se les estará dando tiempo para pensar en la actividad y hablar de ella con otros miembros del grupo, y se les demostrara cuán importante es pensar en lo que han hecho y aprendido.
  • Tiempo para hablar, socializar, conocer a los otros participantes. Gran parte del valor de un taller es la experiencia de aprender en grupo y formar una comunidad de alumnos. La experiencia compartida suele llevar a la colaboración profesional y puede consolidar y enriquecer el aprendizaje.

Preparación

Una vez que la planificación está lista, el taller tiene que prepararse. La planificación consiste en cómo dictar el taller en sí; la preparación es  acerca de la logística, de asegurarse de que se tienen todos los elementos y el tiempo necesarios para que el taller sea un éxito. Esto implica reunir todos los materiales que se van a utilizar en el taller y obtener la información necesaria para hacer el mejor trabajo posible.

Conocer, si es posible, el espacio en que se realizará el taller. Si el espacio es propio, se puede elegir la sala o lugar que pueda funcionar mejor y prepararla con anticipación. Si se ha asignado un lugar en otro establecimiento, es posible que se pueda pedir un tipo o tamaño especial de sala o que se pueda pedir que la arreglen de una cierta forma (sillas en círculo, muebles cómodos, etc.). Se tiene que pensar como se usará el espacio: ¿Tendrán que moverse mucho los participantes? ¿Habrá que mover equipos pesados? ¿Se necesita una pantalla, un pizarrón o una pizarra magnética? Cuanto más se pueda saber sobre el espacio y más se pueda arreglarlo de acuerdo a las necesidades del taller antes de que lleguen los participantes, más fácilmente transcurrirá la presentación.

Si el papel que se pretende asumir es el de facilitador en vez de figura de autoridad, se recomienda que se haga el espacio tan acogedor e informal como sea posible. Algunas veces eso no se puede hacer; por ejemplo, una sala de clases con pupitres atornillados al suelo (si, existen todavía, aunque ya no quedan muchos) no permitirá mucha flexibilidad. Sin embargo, si es posible, se deben poner las sillas en circulo o en una configuración similar para que toda la gente pueda verse y no haya alguien que encabece la mesa, eso puede hacer mucho para establecer el tono del taller tan pronto como la gente entre.

Llevar todo lo que se va a necesitar. No se debe suponer que algo estará ahí a menos que esto se haya organizado previamente (vea el  punto #3, más abajo). Incluso en ese caso, nunca se puede estar seguro.

  • Si se va a pedir a la gente que escriba algo, o si es posible que quieran tomar notas, se debe comprobar que se llevan suficientes lápices y papel para todos.
  • Hacer y recopilar por lo menos dos copias del material impreso que se quiera repartir.
  • Llevar caballetes, pliegos de papel blanco y  marcadores para apuntar ideas, preguntas, comentarios o para documentar lo que ocurre en grupos pequeños.
  • Si se va a hacer diapositivas, listas, un programa, etc., se debe hacer anticipadamente y no la noche antes de la presentación.
  • Si se tiene que llevar los materiales a otro lugar (es decir, si la presentación no se realizará en un espacio propio), es necesario ponerlos en el vehículo la noche antes de la presentación. Es buena idea hacer una lista de control para asegurarse de que se no olvida nada.

No se debe olvidar el asunto de la comida, café, etc.; se debe decidir si la llevará el presentador o los participantes traerán la suya. Esto tiene que coordinarse con anterioridad para tener todo lo necesario en la sala; ya sea poner una cafetera, café, leche, tazas de papel, etc., en el asiento de atrás junto con todo lo demás la noche antes de la presentación (comprar los pastelillos frescos en la mañana).

Coordinar con anterioridad para que el equipo necesario sea llevado a la sala (proyector, DVD y monitor, computador, etc.) o llevarlo personalmente (si este es el caso, no se debe olvidar tener un equipo de respaldo en caso de que el que se lleva no funciona). Se deben hacer los preparativos con mucha anterioridad (por escrito y verbalmente, si es posible), y llamar un día o dos antes del taller para comprobar que todo está en orden. Se recomienda llegar lo suficientemente  temprano para revisarlo todo el día del taller. Se debe asumir que si algo puede ir mal, saldrá mal, y que, incluso aunque no sea responsabilidad del presentador, éste tendrá que solucionarlo.

Hacer que materiales y folletos sean lo más atractivos e interesantes posibles para que los participantes los vuelvan a consultar en el futuro.

  • Usar color siempre que se pueda.
  • Las tablas y gráficos fáciles de leer son útiles para mucha gente (aunque no para todos), ya que son imágenes.
  • Si es apropiado, conseguir material impreso que sea fácil de leer y digerir. Las formas esquemáticas, las viñetas y el uso de color o imágenes siempre pueden ser útiles.
  • Intentar controlar la cantidad de material a repartir, a menos que sea una situación en la que la gente realmente necesita y quiere mucha información (por ejemplo, reglamentos estatales que puedan querer consultar en el futuro). Puede ser útil imprimir los diferentes folletos en distintos colores, para que tanto el presentador como los participantes puedan identificarlos fácilmente ("vuelvan a la hoja azul").
  • Las “cosas” que la gente realmente se lleva a su casa pueden servir para mantener lo aprendido en el taller en la mente de los participantes.

Es mejor prepararse de más. Si se cree que una parte del taller durará aproximadamente 30 minutos, se debe preparar una hora de material por lo menos. En algunos grupos, es posible que solamente se use el material que se tenía pensado para 15 minutos; en otros, se puede usar todo el material y se deseará haber tenido más. Es mucho mejor estar demasiado preparado que quedarse corto: cuánto más largo sea el taller, más importante es esto.

Hacer un formulario de evaluación que la gente pueda rellenar rápidamente al final del taller, pero que cubra la información que más interesa recopilar (muchas conferencias preparan formularios de evaluación para cada taller, en cuyo caso el presentador no tiene que hacerlo). Lo usual para este tipo de cosas es un formulario de respuesta múltiple que pida a los participantes que califiquen cada área de 1 a 5 o que seleccionen una de 5 alternativas que van desde "totalmente de acuerdo" a "totalmente en desacuerdo". (La Herramienta # 1 al final de esta sección incluye un formulario de evaluación de muestra). Algunas de las áreas que se recomienda cubrir son:

  • Claridad de la exposición.
  • Utilidad de cada una de las distintas actividades que se han incluido en el taller, especialmente en el contexto de la vida o trabajos de los participantes.
  • Cuán interesante y pertinente resultó el contenido del taller para los participantes.
  • Dominio del material por parte del instructor/facilitador (es decir, cuán bien dominaba el tema).
  • Cuán bien mantuvo el interés de la gente.
  • Cuán bien puede establecer y mantener un tono cómodo.
  • Comentarios generales, si los hubiera.

Puede haber otras preguntas específicas sobre el taller en particular. Sólo se debe asegurar que el formulario es lo suficientemente corto para que la gente tenga realmente el tiempo de rellenarlo.

Finalmente, dormir bien la noche anterior y calcular el suficiente tiempo para llegar a donde se tiene que ir, para que no estar apurado y agotado. Si el taller será lejos y se tiene la posibilidad de pasar la noche en algún lugar cercano, se debe hacer. Si usted, como presentador, tiene tiempo para relajarse antes del taller,  también se sentirá más relajado durante el taller mismo.

Implementación: dirigir el taller en la práctica.

La planificación y preparación están hechas. Se tiene todo muy organizado; se tienen todos los folletos por colores y colocados en el orden en que se piensa distribuirlos; se tienen actividades para cada segundo del taller, con muchos extras si no alcanzan a llenar todo el tiempo; se ha arreglado la sala para que resulte acogedora para los participantes y sea útil para las actividades que se han planeado. Ahora todo lo que falta es hacer que funcione.

Un taller, especialmente los más largos, tiene distintas fases. Primero está la introducción, que cubre desde el momento en que llega el primer participante a la sala hasta que empieza la actividad relacionada con el primer tema; la sustancia del taller incluye la presentación y las actividades; y el cierre incluye revisión, reflexión, evaluación y fin. Discutiremos cada una de estas fases, incluyendo algunas ideas sobre cómo hacer que transcurran sin contratiempos.

Introducción

Esta parte del taller permitirá a la gente hacerse una idea de cómo será su experiencia. Para cuando realmente comience el taller, los participantes ya tienen algún indicio sobre si les va a gustar o no. Por ello es importante dar un tono positivo y hacer que la gente se sienta cómoda e interesada; permitirles algo de familiaridad y asegurarse de que saben lo que viene en el resto del taller.

  • Marcar la pauta. Hay algunas cosas que se pueden hacer para que los participantes se sientan cómodos desde el momento que entran, y para establecer el taller como una comunidad de gente que quiere aprender.
    • El espacio. Ya hemos hablado de preparar el lugar del taller para que la gente se vea las caras, y no haya un puesto obvio de autoridad, y para que el ambiente sea tan confortable física y psicológicamente como sea posible.
    • Música. Según la naturaleza del taller, se puede pensar en poner música mientras van llegando los participantes, ya sea para calmar el ambiente o crear energía. La música también le indica a la gente que será una experiencia relativamente informal (el problema aquí, por supuesto, es que los gustos de la gente varían mucho. La música que pudiera elegirse para calmar puede poner a alguien de mal humor. La música que se escoja para crear energía puede molestar a ciertas personas. Es un riesgo a considerar, a menos que se conozca bien al grupo).
    • Saludos. A medida que los participantes entren a la sala del taller hay un periodo, que cubre 15 minutos o más, durante el cual nadie sabe bien qué hacer. El presentador puede sonreír y saludar con la cabeza a la gente que entra pero el taller no ha empezado todavía y “no hay nada de qué hablar". Una forma de evitar este momento incómodo es presentarse a las personas a medida que llegan, entregarles los materiales y el formulario de evaluación y preguntarles sobre su formación o experiencia, o porqué se han interesado en el taller. Los recién llegados pueden ser incluidos en la conversación a medida que entran para que nadie se sienta excluido. Para cuando todos están en la sala y el taller va a empezar, los participantes estarán hablando entre ellos y con usted, y la incomodidad inicial habrá dado paso a la cordialidad.

Puede haber circunstancias en que usted no se quiera que la gente se sienta cómoda. En una conferencia, se dictó un taller llamado “mesas separadas” en el cual se dividía a los participantes a medida que iban llegando, y a la mayoría se le pedía que se sentara en el suelo. Un pequeño número de personas estaban sentadas en una mesa muy elegante y se les servía una comida muy apetitosa. Los otros 20 recibieron una hogaza de pan y se les dijo que lo dividieran entre ellos. El taller continúo en este estilo, y eventualmente los que estaban sentados en el suelo empezaron a protestar por el tratamiento recibido. El objetivo, por supuesto, era llamar la atención sobre la falta de comodidades que la mayoría de los habitantes del mundo sufre cada día, en comparación con los de países occidentales.

  • Presentaciones personales. Especialmente si su taller incluye muchas actividades prácticas y de grupo, éste irá mejor si la gente está cómoda entre ella. Si se ha empezado una conversación a medida que entraban, muchos participantes ya habrán conversado con los que no conocían, pero de todas formas es recomendable presentarse a sí mismo y a todos los participantes.

Se puede empezar presentándose con una explicación (muy breve) de porqué se está dirigiendo ese taller (la experiencia que se ha tenido, la familiaridad con el tema, etc.). Esto no debería demorar más de un minuto o dos. Después, puede usar una técnica o juego (la Herramienta #1 al final de esta sección incluye algunos ejemplos) para presentar a los miembros del grupo entre ellos (el presentador también puede participar en esta actividad, si cree que puede ser útil para sus fines).

  • Programar  y planificar para la sesión. Puede ser útil entregar un programa del taller, o ponerlo en algún lugar visible de la sala, y explicárselo a los participantes. Si el taller tendrá interrupciones para comer, pausas, etc., un programa para la sesión o el día también puede ayudar. Presentar el programa y pedir opiniones sobre el mismo (¿podemos dedicar más tiempo a usar los materiales?) puede servir para varios propósitos:
    • Incluir a los participantes en la organización de la sesión, y no dejarlos como receptores pasivos de información.
    • Dar a los participantes un sentido de anticipación, así estarán interesados en lo que viene después.
    • Informar a los participantes cuándo será la pausa para comer (a las 12:30, por ejemplo), eliminando así los nervios por inquietud y la ansiedad que a menudo siente la gente cuando no conoce los planes.

Éste es también el momento de preguntar a la gente por sus expectativas para el taller, que pueden ser grabadas en un cuaderno u otro medio para después revisarlas al final de la sesión. Si las expectativas de la mayoría de los participantes difieren de las del presentador, también puede haber espacio para hacer algún ajuste en este punto.

Si es necesario que los participantes revelen detalles de su vida personal, por ejemplo, o si el tema del taller es especialmente controvertido, después de presentar el programa debería haber tiempo para pedir al grupo que desarrolle algunas normas básicas para la sesión. Unas pocas normas simples, como evitar los ataques personales y respetar la confidencialidad, pueden hacer gran diferencia en la disposición de los participantes para entablar conversación entre ellos sobre las ideas a discutir.

Sustancia del taller

Esta parte es  lo más importante de lo que se está haciendo, la razón por la que se han reunido. Lo que se hace en la práctica depende de la propia planificación del presentador, por supuesto, pero hay algunas pautas generales, algunas de las cuales pueden haber sido mencionadas anteriormente, que pueden hacer el taller más efectivo y entretenido.

  • Controlar el tiempo. Esto no quiere decir que se tenga que ser un esclavo del programa, sino que se debe poder percibir si el taller se está desviando del mismo. En muchos casos, puede ser recomendable preguntar al grupo cómo les gustaría usar su tiempo: "Vamos a pasar muy rápido por esta actividad. ¿Están de acuerdo?, ¿o hay otras cosas que son más importantes para ustedes que deberíamos revisar primero?" Si se considera que alguna actividad es realmente importante y no debería interrumpirse, no se debe temer decirlo.

Dar pistas sobre el horario cada cierto rato (“en 20 minutos, haremos una pausa para comer") puede servir para mantener atentos a los participantes ("tengo hambre, pero no tengo problemas en esperar 20 minutos"). También ayudará al presentador a saber por qué parte de la sesión va, y así puede hacer la pausa para la comida a la hora fijada (esto puede generar una gran inquietud, dependiendo del lugar donde se esté realizando el taller) y terminar las actividades con tiempo suficiente para concluir la sesión adecuadamente.

  • Hacer coincidir la presentación con el contenido y la filosofía del taller. Como ya hemos mencionado antes en esta sección, los participantes aprenden tanto del contenido y el estilo como de los métodos de la presentación. Es difícil convencer a los profesores para que fomenten la participación de los estudiantes dándoles una conferencia. Si se cree en lo que se está presentando, se debería demostrar poniéndolo en práctica. La gente está mucho más abierta a entender y aceptar lo que se está intentando transmitir si es obvio que cree en ello y lo usa durante todo el tiempo.
  • Intentar presentar el material de distintas maneras. Esta variación es importante por dos razones: Primero, ayuda a mantener a los participantes involucrados. Hay muchos estudios que demuestran que los seres humanos están intrínsecamente interesados y que responden positivamente a la variedad, y es razonable aprovecharse de esa característica. Segundo, la variedad aborda las diferencias en los estilos de aprendizaje, y por lo tanto hace más probable que todos los participantes puedan entender el material.
  • Intentar ser y hacer las actividades entretenidas. El humor es una herramienta extremadamente importante, incluso cuando el tema no es nada divertido. (La serie estadounidense de TV Mash, sobre los médicos de la guerra de Corea que deben lidiar con terribles muertes cada día, ilustró cómo el humor negro puede ayudar a la gente a mantenerse cuerda en una situación intolerable). No solamente puede marcar una pauta que haga que el aprendizaje sea más entretenido, también puede servir para destacar puntos importantes.
  • Ser entusiasta. Si realmente se cree en lo que está presentando, debe demostrarse; eso ayudará a que los participantes estén más entusiasmados también, y puede tener un gran efecto en el éxito del taller.
  • Animar a los participantes a relacionar el contenido del taller con su realidad. ¿Cómo pueden usar esas ideas o métodos en sus trabajos o en sus vidas? ¿Cómo reaccionarían sus colegas? Necesitan una oportunidad de pensar y discutir estas cuestiones. Se les puede pedir a todos que se comprometan a usar algo de lo aprendido en el taller al menos una vez o que apliquen los nuevos conceptos a un aspecto particular de su vida laboral o personal. Las verdaderas preguntas que tanto presentadores como presentadores deberían hacerse a sí mismos sobre el tema de un taller son: ¿cómo encaja en el mundo? y ¿cómo puede aplicarse?
  • Dejar tiempo suficiente para la reflexión y el debate en todas las actividades. La gente con frecuencia necesita pensar y hablar sobre sus experiencias o información nueva para poder entenderla. También es importante que los participantes tengan una oportunidad de ser escuchados y puedan decir lo que piensan y qué han aprendido. Si pueden compartirlo en voz alta, tendrá más importancia y legitimidad para ellos. Incluso si el contenido del taller se ha entendido, no se habrá aprendido hasta que haya sido asimilado a la visión que tiene el alumno sobre el mundo. La reflexión ofrece un vehículo para esa asimilación.

Clausura

En la fase final del taller, se necesitará resumir las cosas y dar a los participantes una posibilidad de reaccionar a lo que acaban de escuchar. Es posible que se quiera hacer alguna actividad formal con este fin o simplemente lanzar algunas preguntas y escuchar a lo que la gente quiere decir.

  • Resumir y revisar el programa. Repetir los puntos principales abordados por el taller y volver al programa para identificar las áreas en las que no se tuvo tiempo de profundizar. Dependiendo de su importancia, el interés del grupo o las posibilidades reales, se puede entregar u ofrecer enviar material o bibliografía sobre esas áreas, o realizar otro taller para cubrir los puntos que faltaron.
  • Repasar las expectativas. Se debe echar un vistazo a la lista de expectativas del inicio del taller. ¿Eran apropiadas las expectativas iniciales de los participantes? ¿Se cumplieron? Si no fue así, ¿qué faltó?
  • Darles a los participantes la oportunidad de resumir. Puede ser tan simple como preguntar ¿qué les pareció? o puede implicar un ejercicio más estructurado (una posibilidad: recorrer la sala pidiendo a la gente que diga alguna cosa que le haya gustado del taller o que haya aprendido en el taller y otra cosa que hubiera hecho de distinta forma). Es importante darles a los participantes una forma de resumir por sí mismos la importancia, o irrelevancia, del taller para ellos.
  • Pedir opiniones sobre las ideas, técnicas, métodos, etc. que se expusieron. Se debe prestar atención a las preguntas e inquietudes de los participantes acerca del material. Puede ser totalmente nuevo para ellos, y es posible que descalificara todo lo que habían aprendido hasta antes del taller. Necesitarán tiempo para digerir el contenido. Es necesario no ponerse a la defensiva si los participantes no concuerdan en todo o en algo con lo que se ha defendido en el taller. Es posible que también tengan dudas sobre parte del material, y es bueno expresarlas. El propósito de un taller es aprender, y eso rara vez sucede sin algo de conflicto interno.
  • Recolectar los formularios de evaluación. Es necesario asegurarse de que todos los participantes  entreguen el suyo; deberían demorarse menos de un minuto en rellenarlo, a menos que la gente tenga comentarios complejos (que son los mejores, porque dan la retroalimentación más detallada).

Seguimiento del taller

Después de finalizado el taller, habrá todavía algunos cabos sueltos que resolver.

  • Si se prometió enviar algo a los participantes (material, bibliografía, etc.) se debería hacer tan pronto como fuera posible, para que no se olvide hacerlo después y porque el material todavía estará reciente en la mente de la gente cuando lo reciban.
  • Si se tienen notas sobre el resumen y la evaluación, se recomienda escribirlas a máquina y enviarlas a los participantes por si fueran de ayuda para su comprensión del taller.
  • Se deben revisar las evaluaciones y los comentarios después del taller, cuando el taller todavía esté fresco en la mente. ¿Qué piensa la gente que se debería haber hecho distinto? ¿Cuáles fueron las áreas que les parecieron especialmente bien preparadas o especialmente débiles? Éste es el momento para pensar en lo que se cambiaría la próxima vez que se dirija un taller, y si debería haber una próxima vez. ¡Se debe empezar a planificar ahora!

Para resumir

Impartir un taller efectivo y exitoso implica planificación, preparación e implementación. Durante la planificación, se debe tener en cuenta la audiencia del taller, su tamaño, su duración, su objetivo y las opciones de exposición del material. La preparación incluye la logística (organizar los elementos físicos necesarios, tales como los materiales, equipo, etc.) y también la preparación sicológica. Finalmente, la implementación del taller incluye prestar atención a sus tres fases: introducción, contenido y clausura. Finalmente, no se debe olvidar el seguimiento, ya sea cumpliendo promesas o usando los comentarios recibidos para rediseñar o cambiar algunas partes del taller para que el próximo sea incluso mejor.

Recursos Impresos

Bobo, Kim, Jackie Kendall, and Steve Max. Organizing for Social Change: A Manual for Activists in the 1990s. Cabin John, MD: Seven Locks Press, 1991. Chapter on "Designing and Leading a Workshop," pp. 124-131.

Coover, Virginia, Ellen Deacon, Charles Esser, and Christopher Moore. Resource Manual for a Living Revolution. Philadelphia: New Society Press, 1977. Chapter on workshops, pp. 161 ff.

Los recursos siguientes contienen ejercicios y Juegos Nueveos que pueden ser útiles.

Le Fevre, Dale N. More New Games.

The New Games Foundation. New Games for the Whole Family.

Rohnke, Karl. Silver Bullets. Dubuque, IA: Kendall Hunt Publishing Co., 1984.

The Bottomless Bag Again. Dubuque, IA: Kendall Hunt Publishing Co., 1991.

Funn Stuff, vols. I, II, and III. Dubuque, IA: Kendall Hunt Publishing Co., 1996 (vols. I and II) and 1998 (vol. III).

Bag of Tricks (quarterly). Available from Karl Rohnke, P.O. Box 100, Hamilton, MA 01936.

Weinstein, Matt and Joel Goodman. Playfair: Everybody's Guide to Noncompetitive Play. Impact Publishers, 1980.

Recurso en línea

http://www.howto4u.com/