Para activar los subtítulos en español, haga clic en el ícono de configuración, seleccione “Captions” y luego “Auto-translate” y elija “Spanish”. Esta y otras secciones del capítulo sobre Espiritualidad y Construcción de Comunidad (Capítulo 28) de la Caja de Herramientas han sido escritas con el apoyo y las contribuciones de expertos vinculados con la Charter for Compassion. Para más información sobre la Carta y su trabajo, visite Charter for Compassion. INTRODUCCIÓN: EL VALOR DE LA HOSPITALIDAD La hospitalidad es un valioso recurso espiritual para la construcción de comunidad. Es un arte sagrado y antiguo que hace espacio en la mesa de la conciencia para todos, tanto para extraños como para invitados. A través de la auténtica calidez y el espíritu acogedor por los que más se conoce a la hospitalidad, esta atraviesa las divisiones culturales como un camino no violento, trascendiendo los antecedentes y la nacionalidad. Además, su carácter inclusivo se extiende a todas las criaturas y a nuestro entorno. Aunque pueden existir costumbres sociales particulares, permanece un sistema compartido de valores espirituales y actitudes con principios que conforman la esencia pura de la hospitalidad. Y, como ocurre con todos los valores espirituales, esta se encuentra profundamente arraigada en la conciencia humana. En esta sección, proporcionaremos una definición práctica de la hospitalidad y destacaremos su importancia en la vida comunitaria. A través de historias personales y ejemplos, mostraremos cómo los trabajadores comunitarios pueden aplicarla en la construcción de comunidad y sugeriremos maneras de desarrollarla y promoverla aún más. Luego concluiremos con algunos desafíos y preguntas de reflexión sobre su uso actual. Por lo tanto, permita que este discurso sea más bien una invitación –un banquete de ideas para disfrutar y reflexionar– que le conduzca desde la lógica intelectual hacia una amplitud sentida desde el corazón, donde pueda encontrar un campo resonante proveniente de sus propias experiencias que le dé permiso para ampliar su percepción, abrir más ampliamente sus brazos reflexivos y abrazarse a sí mismo, a su familia, a su comunidad y a la humanidad en general. Entonces, esta mesa estará servida especialmente para usted. Para preparar el terreno hacia una comprensión básica de la riqueza de la hospitalidad, la Biblia será nuestra guía inicial, ya que contiene colecciones de antiguas historias orales repletas de símbolos de hospitalidad. La comprensión de los valores espirituales suele lograrse mediante símbolos que cambian con cada nueva era. Como resultado, podemos comprender los símbolos de hoy a partir de la sabiduría de ayer. Aquí se han elegido tres relatos de sabiduría sobre la hospitalidad para estimular la reflexión, expandir la conciencia espiritual e ilustrar una nueva manera de procesar ideas. El primero es el relato de Abraham, patriarca de tres grandes religiones del mundo –el judaísmo, el cristianismo y el islam–, quien a menudo es considerado el padre de las naciones y el padre de la hospitalidad. El segundo proviene de Jesús, quien nos dio la parábola del Buen Samaritano en el Evangelio de Lucas. Y el tercero es una historia contemporánea basada en la experiencia personal del autor como capellán en las instituciones correccionales actuales. Cada una de estas historias ofrece un enfoque que no solo toca nuestros sentimientos e inspira a la acción, sino que también brinda una guía clara sobre cómo cultivar sistemáticamente la hospitalidad mediante la observación, preguntas reflexivas y pequeños experimentos que ponen a prueba nuestra inspiración al sacarnos de nuestra zona de confort. De esta manera, encarnamos los valores espirituales vinculados con la hospitalidad, permitiendo que den vida a nuestra manera de vivir. Especialmente notable dentro de estas historias, y tan aplicable en nuestros tiempos como entonces, es que la hospitalidad auténtica y los comportamientos hospitalarios pueden vencer nuestros temores relacionados con la migración de refugiados y diversos crímenes contra la humanidad: la hostilidad, el resentimiento, el genocidio, el terrorismo y otros más. La importancia y relevancia de esta comprensión para nuestras comunidades actuales no puede exagerarse, ya que no existe situación alguna en la que encarnar la esencia de la hospitalidad en nuestras relaciones –hacia los demás, hacia nuestro entorno y hacia todas las criaturas, en todo tipo de comunidades– no traiga bendición a nuestro amplio mundo. LA HISTORIA DE ABRAHAM Abram, posteriormente llamado Abraham, fue el patriarca bíblico que ejemplificó la fe, la fidelidad y la hospitalidad. Génesis 12 relata cómo Abraham fue llamado por Dios a seguir un proceso gradual de crecimiento espiritual interior antes de convertirse en un exitoso constructor de comunidad y desarrollador de naciones, tal como era su destino prometido. Él tendría que: Seguir el mandato de Dios Separarse de su propia herencia, tradiciones y perspectivas tribales Trascender sus propios deseos sensoriales Superar una gran hostilidad de parte de otros, como ocurrió en la guerra con los cinco reyes Ser recompensado con la hospitalidad de Melquisedec, rey de Salem (Paz), quien apareció con alimento –pan, vino y bendiciones– por la perseverancia de Abram al buscar, encontrar y utilizar sus recién descubiertos recursos espirituales con cada paso dado Ser renombrado Abraham, identificándose personalmente con esas cualidades espirituales como parte de su propia naturaleza Al cumplir estas tareas, Abraham fue preparado para ofrecer humildemente un verdadero sentido de hospitalidad a los mensajeros visitantes mediante descanso y consuelo; les ofreció refugio y alimento; les lavó los pies; les sirvió y protegió. Luego fue recompensado con seguridad para sí mismo y con la promesa de un hijo. LECCIONES DE LA HISTORIA DE ABRAHAM Cada paso que Abraham dio y cada desafío que superó fueron recompensados por otros, hasta que él mismo pudo brindar ese mismo sentido de hospitalidad a los demás a través de sus ya demostradas cualidades espirituales avanzadas. Solo entonces se cumpliría y multiplicaría la promesa bíblica de Dios a través de las comunidades y naciones de las cuales Abraham sería padre. Este mismo modelo puede funcionar para nosotros en la construcción de un verdadero sentido de comunidad: nuestro “hijo prometido”. Ese proceso definido paso a paso, desde el despertar espiritual individual hasta la confianza en los principios rectores, eliminará las ideas preconcebidas y las tradiciones obsoletas, dejándonos con el alimento hospitalario que proporciona una resolución pacífica para cada día. A pesar del ritmo acelerado de la actualidad, podemos conectarnos con nuestra propia intuición para liberar sistemas de creencias anticuados que podrían impedirnos servir a nuestras comunidades desde una perspectiva centrada en la paz. Como trabajadores comunitarios, nosotros también enfrentaremos –o incluso seremos sorprendidos– en ocasiones por diversos problemas o desafíos provenientes de compañeros de trabajo, autoridades o figuras políticas. Por ello, para prepararnos, conviene preguntarnos: “¿Puedo esperar que la hospitalidad me ayude a evitar involucrarme en conflictos directos?” y “¿Puede cambiar mi percepción para no sentirme ofendido por comentarios inoportunos de otros, de modo que todos podamos seguir avanzando en beneficio de la comunidad?” Cuando se adquiere una hospitalidad auténtica, la respuesta a estas preguntas será un rotundo “Sí”. LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO En los libros bíblicos de Levítico y Deuteronomio se presenta la piedra angular de la hospitalidad: “Por eso ama al SEÑOR tú Dios con todo tu corazón, con todo tu ser y con todas tu fuerzas... más bien amen a sus semejantes como a sí mismos, porque yo soy el SEÑOR.” (Deuteronomio 6:5 y Levítico 19:18) Y además: “No maltraten al inmigrante que viva entre ustedes. Trátenlo como a un ciudadano más y ámenlo como a sí mismos, pues ustedes fueron inmigrantes en Egipto; porque yo soy el SEÑOR su Dios.” (Levítico 19:33-34) En el Evangelio de Lucas, Jesús ejemplifica estas leyes con su respuesta a una pregunta hecha para ponerlo a prueba: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para tener vida eterna?” (Lucas 18:18). A través de la famosa Parábola del Buen Samaritano, Jesús ofrece entonces una respuesta que muestra cómo la brutalidad hostil puede superarse mediante una relación dotada de toda la amplitud de la hospitalidad: “Un hombre iba de Jerusalén a Jericó. Unos ladrones lo rodearon, le quitaron la ropa, lo golpearon y lo dejaron medio muerto. Dio la casualidad que venía un sacerdote por el mismo camino. Cuando vio al hombre, siguió por otro lado. De la misma manera, un levita pasó por el mismo lugar, vio al hombre, pero también siguió por otro lado. Pero un samaritano que viajaba por ahí llegó a donde estaba el hombre, y al verlo se compadeció de él. Entonces se acercó al hombre, derramó aceite y vino en las heridas y las vendó. Luego lo montó en su animal de carga y lo llevó a una pequeña posada donde lo cuidó.… ¿Cuál de los tres crees tú que fue el semejante del hombre que estaba medio muerto en el camino?” El experto de la ley le contestó: "El que tuvo compasión de él." Entonces Jesús le dijo: "Ve y haz tú lo mismo." (Lucas 10:30-34, 36-37, Palabra de Dios para Todos) LECCIONES DE LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO El Buen Samaritano mostró un sentido incomparable de hospitalidad que incorporaba valentía moral en medio de un territorio hostil: la valentía de ser honesto, responsable, respetuoso, justo y compasivo. Y, en la práctica, esto implica “la disposición a soportar peligros significativos por el bien de un principio” (Kidder, 1996). El camino donde el Buen Samaritano encontró al extranjero brutalmente herido era conocido como “El Camino de Sangre”, debido a los constantes y violentos asaltos que normalmente terminaban en muerte. Por lo tanto, arriesgó todo por el bien de este principio: que toda vida importa. Y demostró que no es suficiente tener valores espirituales; esos valores también deben ponerse en práctica. La respuesta del Buen Samaritano también ilustró un modelo nuevo y más avanzado de hospitalidad, uno que nos llama a ayudar a otros incluso en circunstancias poco acogedoras o hasta repulsivas. Y quizá aún más profundo fue el hecho de que los samaritanos eran odiados por los judíos. Eran considerados una mancha para la humanidad, enemigos mortales, mestizos despreciados y marginados sin acceso a Dios ni al Templo de Jerusalén. Sin embargo, aquí había un samaritano con una conciencia tan pura e intacta que no veía a un enemigo. Él demostraría lo que los representantes de los ámbitos religiosos y políticos no hicieron: una gran empatía, mostrando una compasión y un amor tan abundantes que no conocían límites. El samaritano vendó las heridas del hombre, lo llevó a una posada, cuidó de él durante la noche y además entregó al posadero suficiente dinero para continuar su cuidado durante dos meses, con la promesa de dar más si era necesario: un sentido ilimitado de amor sin fin. Para los constructores de comunidad, esta parábola nos lleva a preguntarnos: “¿Estoy dispuesto a convertirme en un activista espiritual de la hospitalidad, como lo fue el Buen Samaritano?” “¿Soy un prójimo que ama generosamente y sin condiciones?” “¿Puedo demostrar un amor que no conoce límites hacia mi familia, y mucho menos hacia un enemigo?” “¿Debo mostrar el mismo grado de hospitalidad hacia los demás dentro de mi práctica comunitaria? Si es así, ¿cómo?” “¿Entiendo que, al ejemplificar estos valores espirituales fundamentales de la hospitalidad en la práctica diaria, doy permiso a otros –tanto a quienes reciben como a quienes observan– para hacer lo mismo?” “¿Cuál será mi historia para mi comunidad: un comportamiento hospitalario o una actitud distante y apática que simplemente pasa de largo?” LA HOSPITALIDAD FRENTE A UNA SITUACIÓN DE REHENES EN EL SISTEMA DE JUSTICIA (Recuerdo de Linn Moffett, autora de esta sección.) Como capellana en siete cárceles durante más de ocho años, he visto la hospitalidad brillar intensamente en algunos rincones muy largos y oscuros. Siendo una capellana un tanto rebelde, en una ocasión tomé medidas para animar al sheriff del condado y a los guardias a permitir un horario separado de reuniones para los reclusos con discapacidades mentales, quienes estaban alojados en su propio bloque de celdas. Los guardias constantemente buscaban maneras de desalentar las actividades de los capellanes y creían haber encontrado la solución perfecta para detener mi persistencia en intentar llevar inspiración adecuada, enseñanzas espirituales, morales y éticas, esperanza y consuelo a los reclusos. En una de mis horas asignadas para un servicio grupal con los hombres, los reclusos regulares fueron conducidos a la capilla. Las puertas fueron cerradas y aseguradas, sin guardias presentes en el interior. Este acto, en sí mismo, violaba completamente las normas. Poco después, los hombres del bloque de celdas para personas con discapacidades mentales fueron llevados al mismo lugar y todos quedamos encerrados en la misma habitación. Nuevamente, sin guardias presentes. Una violación adicional, ya que las personas con discapacidades mentales nunca debían mezclarse con los reclusos del bloque regular. Se desató el caos mientras varios guardias observaban a través de la pared trasera de vidrio antibalas, burlándose y riéndose. Para su disgusto, yo estaba completamente tranquila mientras permanecía sentada al frente del salón. Entonces, uno de los reclusos regulares de la primera fila, un hombre muy grande que intentaba intimidar en medio del caos, se puso de pie, infló el pecho, me miró directamente y exclamó con voz fuerte: “Bueno, cariño, ¿va a salvarnos a todos?” Mi reacción inicial fue una pequeña risa. Luego respondí humildemente: “No señor, ese no es mi trabajo. Eso se lo dejo a Cristo.” Él permaneció inmóvil y en silencio por un momento, se volvió hacia la sala llena de reclusos gritando y objetos volando, y con autoridad insistió en que todos se sentaran y guardaran completo silencio o tendrían que responder ante él. En cuestión de momentos, la sala quedó en silencio, las sillas fueron colocadas en su lugar y todos estaban sentados; había una presencia tangible de respeto, honor y gratitud. Continué el servicio no solo sin más incidentes, sino con toda la atención respetuosa de los presentes. Este incidente dejó completamente desconcertados a los guardias y generó un renovado respeto hacia el oficio de capellán desde ese momento en adelante. Uno de los guardias preguntó: “¿Por qué no tuvo miedo?” “¿Cómo pudo mantener la compostura en medio de todo ese caos?” y “¿Por qué no buscó represalias contra los guardias participantes, incluyéndome a mí, por su juego de poder, su completo abuso del sistema de justicia y por haberla puesto en una situación de rehén siendo nosotros quienes debíamos protegerla?” Sonreí suavemente y le expliqué que nunca había contado con ninguno de ellos para mi protección. Mi protección provenía de encarnar aquellas cualidades espirituales propias de la hospitalidad: un amor abierto, receptivo y nutritivo hacia la humanidad, junto con recurrir a la paz interior que calma y consuela sin importar la tormenta. Él quedó muy pensativo. Más adelante, esta historia circuló entre los guardias de diferentes cárceles de máxima seguridad. Incluso llegó a las celdas de los reclusos en otros condados, a medida que la noticia se extendía hacia las comunidades, ya que fue considerada un evento milagroso. Al haber sido testigos de una evidencia real de una hospitalidad radical y basada en la espiritualidad, este único incidente bendijo incluso a capellanes de distintas religiones. LECCIONES SOBRE LA HOSPITALIDAD FRENTE A UNA SITUACIÓN DE REHENES Una lección clave de esta historia, así como de las otras historias citadas anteriormente, es que actuar con hospitalidad a veces significa salir de la propia zona de comodidad; y puede significar asumir ciertos riesgos. Pero la acción hospitalaria es una forma increíblemente poderosa de expandir la mente y el corazón. Entonces, ¿puede permitir que estas historias se vuelvan subjetivas? ¿Puede permitir que se manifiesten en su hogar, en su negocio, en su manera de pensar, en su cuerpo y en su vida, y luego ir incluso más allá de la acción, mientras aprendemos el arte de ser hospitalarios? Después de todo, esto no es solamente nuestra verdadera naturaleza la que estamos contemplando; también es nuestro verdadero trabajo en la reconstrucción de nuestras naturalezas individuales: para nosotros mismos, nuestras comunidades y nuestro mundo. DEFINICIÓN: LA NATURALEZA Y EL ALCANCE DE LA HOSPITALIDAD Como hemos visto a través de los ejemplos anteriores, la hospitalidad es una idea compuesta: una que incorpora numerosos valores espirituales estrechamente entrelazados. Su esencia principal es el Amor: un amor por todas las manifestaciones de la vida, teniendo en cuenta los detalles artísticos del ambiente, el servicio, la comida, el entretenimiento y la protección que reconfortan y encantan los sentidos, satisfacen el corazón con atención y ternura, promueven la celebración, proporcionan ritmo a las expresiones de la vida y ofrecen un refugio seguro. Así, la hospitalidad es una joya multifacética con un tesoro de virtudes y valores espirituales. Las raíces de la hospitalidad provienen del latín hospes (masculino) y hospita (femenino), y también, según los diccionarios Oxford y Webster, del francés antiguo hospitalite, todos apuntando a “la recepción y entretenimiento amistoso y generoso de invitados, visitantes o extraños.” Luego, con el paso del tiempo, “… el negocio de entretener clientes, delegados de negocios u otros visitantes oficiales.” También descubrimos, a partir de su raíz, que la hospitalidad puede referirse tanto al anfitrión como al huésped, o a un huésped viajero o extranjero. Es fácil reconocer muchas de las formas derivadas que adopta, como hospicio, hostal, hotel, hospital, anfitrión y anfitriona. El posadero era considerado como alguien que presidía una casa de Dios, proporcionando un lugar sagrado de refugio y sustento para los viajeros, pero sobre todo para recibir a los extraños como invitados. Hospes/hospita, como se ha mencionado, es también el origen de la palabra “hospital”, “una palabra que en el inglés del siglo XIV se refería a una posada; que en el siglo XV adquirió el significado de refugio para las personas sin hogar, y que para el siglo XVI se utilizaba ampliamente para designar una institución que cuida a los enfermos.” Las referencias al final de esta sección permitirán una investigación más profunda. El erudito francés y prolífico colaborador de la Enciclopedia, Chevalier Louis de Jaucourt (1704-1779), describe la hospitalidad como “la virtud de un gran espíritu que cuida del universo entero a través de los vínculos de la humanidad.” Señaló que históricamente diversas culturas –en Egipto, Etiopía, Persia, Italia, Grecia y Roma– ampliaron la hospitalidad para incluir edificaciones construidas para recibir y alojar extranjeros más allá de los hogares individuales, mientras que los israelitas redujeron su concepto de hospitalidad cuando su comercio terminó con las comunidades vecinas. Los alemanes, celtas, galos y pueblos atlánticos consideraban un sacrilegio cerrar la puerta a cualquier persona, conocida o desconocida. Los asiáticos no escatimaban en atender a sus visitantes, incluyendo el lavado de pies o baños completos antes de sus festividades de bienvenida; después, invocaban a los dioses protectores de la hospitalidad para velar y cuidar a sus invitados de honor. Y los indios, los más hospitalarios de todos, trataban a los esclavos como a sí mismos y recibían a los viajeros mediante el “establecimiento de hospicios y magistraturas específicas para proporcionar a los viajeros las necesidades de la vida”, incluso hasta el punto de “hacerse cargo de los funerales de quienes morían en sus tierras.” Dado que tanto quien daba como quien recibía eran considerados bendecidos a través de su encuentro, era una forma aceptada de gratitud que ambos dejaran un regalo que marcara la hospitalidad brindada hacia individuos, familias enteras e incluso ciudades. Una moneda, pieza de madera o marfil era cortada por la mitad y entregada a cada parte como recuerdo permanente del acontecimiento sagrado, muy similar a los collares de corazones partidos y las pulseras de amistad de los siglos XX y XXI. También era generalmente aceptado entre las culturas que, si no se concedía hospitalidad a una persona o grupo, esto se consideraba un crimen contra la humanidad. Descubrimos entonces, a nivel global, que la hospitalidad era considerada un arte sagrado que unía a todas las naciones, hasta que el comercio rompió los lazos de benevolencia entre las personas y desplazó su atención del amor hacia las personas al amor por el interés financiero. Ahora, a través de un sentido distante de humanidad, los ricos pagan por los servicios de hospitalidad, debilitando aún más los vínculos que unen los corazones de las personas en compañerismo. ¿Comprendemos ahora que ser auténticamente hospitalarios es una cuestión de nuestra orientación integral hacia nosotros mismos y hacia los demás, ya que redefine todas nuestras relaciones? También puede ayudar considerar cómo la combinación de los elementos de la hospitalidad nos permite tocar los sentimientos, creando una sensación definida de hospitalidad. Una persona hospitalaria probablemente exhibirá una generosidad de espíritu tangible, una caridad segura, cómoda y cooperativa, una amabilidad abundante, una sinceridad sin reservas y una bienvenida completamente inclusiva con apertura de corazón y espíritu festivo. Así, mientras nos sentamos junto al hogar de la hospitalidad, en la calidez de su gran diversidad, podemos contemplar la infinita gama de sus expresiones. Podemos escuchar su llamado, invitándonos a participar de esta conciencia tan vital para nuestras propias necesidades y las de nuestras comunidades. LA IMPORTANCIA DE LA HOSPITALIDAD Y DEL COMPORTAMIENTO HOSPITALARIO PARA LA CONSTRUCCIÓN DE COMUNIDAD LA RELEVANCIA DEL COMPORTAMIENTO HOSPITALARIO A medida que comenzamos a comprender, a través de nuestras definiciones, historias y algunos ejemplos reales de hospitalidad, cada nivel del comportamiento hospitalario revela algo nuevo sobre la cohesión de la gran comunidad de la humanidad. Estas lecciones no solo son relevantes, sino imprescindibles para nuestra salud, bienestar y condiciones generales de vida. Las personas tienen hambre de comunidad y de comunidades que nos conecten de maneras significativas, especialmente cuando acontecimientos, como nuestra actual crisis migratoria, desafían las normas sociales anteriores. Como ha afirmado Michal Vasecka, sociólogo universitario de la República Checa: “Somos sociedades profundamente excluyentes. La migración revela esta verdad desagradable sobre nosotros mismos.” Es cierto que vivimos tiempos extraordinarios, que dejan al descubierto nuestros temores más profundos. ¿Podría haber entonces un mejor momento para que reaparezca una hospitalidad auténtica inspirada por el amor? Los constructores de comunidad tienen el potencial de transformar barreras poco saludables y dar la bienvenida a los recién llegados dentro de una verdadera comunidad: una comunidad rica en diversidad, consciente en la aceptación y donde haya lugar para todos en la mesa. Ser hospitalarios puede transformar todas nuestras relaciones. LA CONVERGENCIA DE LAS CIENCIAS Y LA ESPIRITUALIDAD EN EL COMPORTAMIENTO HOSPITALARIO Una tendencia emergente y emocionante en los estudios de la conciencia es que la neurociencia y la psicoterapia están incorporando y adoptando prácticas espirituales. Estas, a su vez, están recreando enfoques prácticos para superar espirales adictivas y ayudar a las personas a sanar traumas antiguos, incluso generacionales, para que puedan vivir vidas plenas, productivas y empoderadas. Esas vidas pueden entonces servir a sus amadas comunidades desde un espacio hospitalario y sanado, en lugar de permanecer atrapadas en sus heridas y en comportamientos explosivos basados en el miedo. Las neurociencias, respaldadas por colaboraciones científicas interdisciplinarias, ahora tienen pruebas definitivas de que el sistema nervioso humano responde de manera muy efectiva a aquellas características espirituales inherentes a la hospitalidad. Más aún, la evidencia muestra que simultáneamente se crean nuevos caminos hacia un funcionamiento superior: el cerebro literalmente se ilumina, creando una sensación de euforia. Algunos ejemplos de estos avances: Heartmath, que utiliza tecnología moderna para enseñar a las personas a vivir desde el corazón, es solo una de las muchas organizaciones científicas que reconoce la necesidad de la humanidad de alejarse de hábitos aprendidos que son menos que hospitalarios y que afectan negativamente la salud de la humanidad. Esta organización enfatiza herramientas tecnológicas para fortalecer la espiritualidad. Bruce H. Lipton, biólogo pionero, ha demostrado en Biology of Belief y otros libros cómo nuestros sistemas de creencias limitados y temporales moldean patrones de comportamiento que afectan cada célula de nuestro cuerpo. La influencia negativa se manifiesta como enfermedad, mientras que una mentalidad espiritual llena de influencias positivas aparece como un sistema cooperativo capaz de evolucionar espontáneamente. El Science of Being Institute adopta un enfoque diferente, redefiniendo la anatomía humana como un sistema de creencias temporales que puede mantener a la humanidad atrapada en un falso marco de referencia gobernado por el egoísmo en lugar del altruismo. Tales sistemas pueden alejarnos de nuestra esencia espiritual básica, aunque naturalmente estemos abiertos al corazón de la humanidad y podamos evolucionar espontáneamente mediante una comprensión espiritual que eleve a la raza humana. Estas son solo algunas de las organizaciones e individuos dedicados a reeducar y ayudar a la humanidad, tomando diferentes caminos para sanar viejas heridas en beneficio de nuestras comunidades y de todos sus habitantes. Por lo tanto, si podemos cultivar y desarrollar aquellas características que generan comportamientos hospitalarios, obtendremos una recompensa directa al vivir mejor y al cuidarnos mutuamente a lo largo del camino. LA EFECTIVIDAD DE LA HOSPITALIDAD EN LA CONSTRUCCIÓN DE COMUNIDAD El efecto de la hospitalidad sobre una persona y/o comunidad es despertar los sentimientos humanos hacia una manera de ser más amorosa: cooperando y conviviendo como vecindarios dentro de las comunidades. Los constructores de comunidad descubrirán que, para ser verdaderamente efectivos, algunos elementos clave de la hospitalidad deben estar presentes de manera constante: el respeto mutuo, la ética de la reciprocidad y la cooperación amistosa e interdependiente. Estos componentes poderosos ayudan a ganar la confianza que construye seguridad personal en las relaciones y, por lo tanto, ayudan a formar una comunidad próspera y sostenible, donde las personas continúan inspirándose mutuamente para trabajar por el bien común. Sin embargo, muchas veces es más difícil ser efectivos con personas que conocemos o con quienes ya hemos trabajado, ya que hemos creado suposiciones sobre ellas. Puede resultar más fácil ser hospitalarios con quienes no tenemos cercanía. Si descubrimos que esto es cierto, es un claro llamado a examinar nuestras motivaciones. ¿Realmente abrazamos las cualidades de la hospitalidad como parte de nuestra propia naturaleza, o solo son una apariencia superficial? Si es superficial, nos espera un despertar difícil, ya que la verdad profunda de cualquier situación eventualmente saldrá a la superficie, comprometiendo la salud de cualquier relación y ciertamente de cualquier esfuerzo conjunto. Recordando la hospitalidad supremamente efectiva del Buen Samaritano, deberíamos preguntarnos: “¿Caminaremos por el otro lado de la calle o evitaremos siquiera mirar a los ojos de esa persona sin hogar, privándola así de ser considerada digna de pertenecer a nuestra comunidad?” “¿Hemos compartido alguna vez un sándwich con ellos en la acera o bajo un árbol?” “¿Comprendemos su situación o simplemente la subestimamos?” “¿Somos capaces de preocuparnos, de tomarnos el tiempo para hablar con ellos, y no pensar que al darles un dólar ya hemos cumplido nuestra cuota como constructores de comunidad?” Esa nunca ha sido una solución efectiva. Es cierto que algunas personas tienen discapacidades mentales y otras abusan del sistema debido a respuestas aprendidas frente a la pobreza; pero también es cierto que algunas han caído víctimas de la crisis económica, de la migración forzada o de situaciones abusivas, y que cualquier forma de hospitalidad aliviaría su sufrimiento. ¿Y somos conscientes de aquellos que tienen necesidades dentro de nuestras comunidades? Esto no significa que debamos buscar problemas donde no los hay, sino más bien estar conscientes y preparados para extender una mano de ayuda a todos los seres vivos, ya sea dando indicaciones a un extraño con el regalo de una sonrisa cálida, recogiendo un pajarito que cayó de su nido y devolviéndolo suavemente a él, o ayudando a un ciclista mayor que encontró el único bache en la calle y cayó en medio del tráfico. Todos estos escenarios, y ciertamente muchos más, son invitaciones a volvernos conscientes de nuestro entorno comunitario y a promover la hospitalidad como una solución efectiva y beneficiosa para la salud, tanto en los pequeños detalles como en los grandes proyectos comunitarios. CONDICIONES FAVORABLES PARA SER HOSPITALARIOS Todas las condiciones son favorables para ser hospitalarios, aunque algunas lo son más que otras. Es especialmente deseable y útil ser hospitalario cuando: Ha habido conflictos particulares en la comunidad. Existe una oportunidad específica para que los líderes y miembros de la comunidad promuevan la hospitalidad, como cuando ha habido una afluencia de nuevos residentes a la comunidad, ya sea como personas en busca de empleo, refugiados u otras circunstancias. Algunos miembros de la comunidad han sido criticados, rechazados o perjudicados física o emocionalmente simplemente por su asociación con un grupo o categoría en particular. Pero otra condición favorable y necesaria para la hospitalidad implica preparación personal, espiritual y física. Si dicha preparación no se ha realizado, es mucho más difícil que se exprese una hospitalidad genuina. Porque el verdadero cambio, transformación o metamorfosis –cualquiera que sea el término que le resulte más atractivo– solo se hace posible mediante mensajes impregnados de espíritu, como cuando un corazón habla a otro corazón dispuesto a escuchar. Es importante preguntarse si está listo y es capaz de tener la humildad necesaria para permitir que estos cambios ocurran. Como ejemplo, consideremos una reunión comunitaria que una vez presidí como presidenta. Había escalado hacia expresiones hostiles de fuertes diferencias de opinión. La reacción apasionada de una persona, el tono de su voz y su lenguaje corporal fueron desencadenados por una sola palabra en una discusión, y de inmediato surgió la hostilidad, conduciendo a una batalla verbal. Pero, como presidenta de la reunión, recurrí a una amplia gama de comportamientos hospitalarios, mientras la escucha sagrada, la empatía, una resolución pacífica y una respuesta consciente (no reactiva) eran bienvenidas en mi pensamiento. La situación se calmó suavemente; el ambiente cambió hacia algo positivo, demostrando que el comportamiento hospitalario fortaleció al grupo, con el beneficio adicional de proporcionar un ejemplo de cómo la hospitalidad puede resolver conflictos de manera proactiva. En todo el mundo, la humanidad se estremece con antiguas y nuevas formas de actos más agresivos de opresión, tiranía y terror, porque la conciencia colectiva está siendo alimentada por la negatividad. Sin embargo, es precisamente aquí donde la hospitalidad nacida del corazón puede derribar esas influencias negativas. A través de la quietud interior, las cualidades de la hospitalidad proporcionan el equilibrio que está inherentemente entretejido dentro de la estructura de cada uno de nosotros, de nuestro hermoso planeta y de nuestro universo: desde una brizna de hierba hasta el cosmos y todo lo que existe entre ambos. Solo necesitamos recordar quiénes somos realmente y cómo podemos armonizarnos con este sistema mayor, ya que nuestras vidas se extienden mucho más allá de nuestras limitaciones percibidas. Es decir, un aspecto fundamental de la hospitalidad y de nuestra experiencia humana es que toda la vida es interdependiente y funciona como un todo integral. Nos necesitamos unos a otros. Traducido a nuestras experiencias cotidianas, no necesariamente importa lo que se dice, sino más bien lo que la otra persona escucha, porque eso tiene todo que ver con cómo la hacemos sentir. Por lo tanto, las cualidades de la hospitalidad desempeñan un papel crucial en cada parte de nuestra vida diaria, no solo en la cortesía básica o la cálida bienvenida ofrecida a un invitado en nuestro hogar, ni siquiera únicamente en una acción para reconciliar un desacuerdo. En este sentido, la definición de “hogar” puede ampliarse y redefinirse como ese lugar sagrado llamado conciencia espiritual, que siempre es hospitalaria. Y aun así, algunas de las preguntas más importantes permanecen. ¿Hasta qué punto estamos preparados para asumir un compromiso de ser plenamente hospitalarios? ¿Qué tan lejos estamos dispuestos a llegar para defender un caso individual, un servicio o una causa que eleve a la comunidad como un modelo para que otros lo sigan? ¿Tenemos el valor de escuchar verdaderamente el latido de la comunidad, movernos dentro de su ritmo y participar en cualquier nivel? ¿Es nuestra responsabilidad? ¿Estamos dispuestos a salir de nuestras zonas de confort percibidas para extender consuelo a otros justo donde se encuentran? Mi experiencia personal ha sido que, si usted es la persona que se enfrenta a un desafío comunitario, entonces ese desafío le corresponde afrontar; porque en algún nivel usted ha sido preparado para que aparezca y le enseñe niveles más elevados de comportamiento hospitalario para la comunidad y sus integrantes. Debemos aprender a desprendernos de las limitaciones que nosotros mismos nos imponemos para descubrir nuestra libertad y, dentro de ella, encontrar momentos de tiempo libre para servir a nuestras comunidades y tanto crear como sostener condiciones más favorables. CÓMO SER HOSPITALARIOS: HISTORIAS Y LECCIONES DE HOSPITALIDAD EN ACCIÓN Como constructores de comunidad, existen oportunidades casi ilimitadas para ofrecer hospitalidad en contextos muy diversos. Y brindar esa hospitalidad puede permitirnos expresar nuestra creatividad de maneras que no solo incluyan compartir una comida festiva, sino también encantar los sentidos, proporcionar un refugio seguro y satisfacer el corazón con atención y ternura. Veamos algunos ejemplos. En esta parte de nuestra sección, ofrecemos diversas historias y lecciones sobre la hospitalidad en acción. HOSPITALIDAD A TRAVÉS DE LAS DIVISIONES CULTURALES Una importante corporación japonesa me asignó la tarea de brindar hospitalidad a una joven pareja japonesa que acababa de llegar a Estados Unidos con un contrato de cinco años. Fui elegida para hacer que se sintieran como en casa dentro de su nueva cultura, un gran honor, ya que los japoneses son conocidos por su hospitalidad. Esta labor requería recurrir a toda la gama de conocimientos que yo tenía sobre la hospitalidad y que había utilizado como práctica diaria de servicio a la humanidad. Nuestro primer encuentro fue moderadamente exitoso. La pareja, de alrededor de veinte años, vino a visitarnos para un almuerzo informal. Mostraban una curiosidad amable por todo y solicitaron un recorrido completo por mi modesto hogar. Se sorprendieron gratamente al descubrir que yo tenía afinidad por los objetos orientales y expresaron gran entusiasmo al encontrar un tríptico, una obra original de un famoso artista japonés. Mi invitado explicó que aquella obra representaba el antiguo arte del Chokin, originado en Japón durante los siglos X y XI para decorar las armaduras de los samuráis, y que el significado original de samurái es “aquellos que sirven.” Los valores fundamentales de un samurái y de la hospitalidad son prácticamente los mismos. La semana siguiente, mi esposo y yo fuimos invitados a su apartamento y tratados como huéspedes de gran honor. El esposo y la esposa, vestidos con hermosos kimonos, nos recibieron con profundas reverencias llenas de quietud. Nos explicaron sus costumbres sociales mientras nos guiaban humildemente a través de los rituales de las reverencias, el retiro de los zapatos y el sentarnos en el suelo. Allí recibimos pequeñas toallas calientes para limpiarnos y luego experimentamos toda la ceremonia del té, acompañada de dulces recién preparados y una conversación tranquila que continuó durante unas tres horas. El té era una exquisita delicadeza traída desde Japón. Atentos a mi placer sensorial, me regalaron una generosa cantidad de té. Cada uno de sus movimientos era una exquisita demostración de fluidez, poesía y atención: un arte donde cada gesto se realizaba con una conciencia tan profunda que parecía pintar belleza en la atmósfera que se respiraba y luego traducirse en paz interior. Quedé tan profundamente impregnada de este tipo de práctica reverente que nunca volvería a ser la misma; desde entonces elevaría mi sentido de hospitalidad hacia una gratitud y un servicio cotidianos de este tipo, tanto en mi hogar como dentro de mi comunidad. ¿Puede imaginar una comunidad impregnada de este tipo de hospitalidad? Donde la armonía promueve un sentimiento de unidad con todas las personas y con toda la naturaleza, incluyendo las condiciones atmosféricas. Donde el respeto nace naturalmente de un corazón agradecido y anima cada acción hacia los demás e incluso hacia los objetos inanimados. Donde la pureza del pensamiento es tan importante como la limpieza del hogar o de un plato, manteniéndose el mismo enfoque espiritual en cada tarea. Y donde un estado tangible de tranquilidad, que no se alcanza mediante el esfuerzo consciente sino como una forma de gracia, actúa como la misma fuerza dinámica y significativa que impregnaba la ceremonia del té. ¿Está usted listo para abrazar este honorable y pacífico estado de ser por su propio bien y por el de su hogar, su comunidad y su país? Estas profundas cualidades subyacentes han sido preservadas durante milenios. Producen un estilo de vida enriquecido, cálido y acogedor, una mayor prosperidad en todos los aspectos –incluyendo las relaciones– y un crecimiento, desarrollo y sostenibilidad más sólidos y duraderos para la comunidad y sus integrantes. ¿Quién no querría aportar estas energías combinadas a la construcción de este nuevo modelo de comportamiento hospitalario? ENSEÑANDO HOSPITALIDAD A LOS NIÑOS – DESDE LAS ZONAS REMOTAS DE ÁFRICA Una práctica sencilla y profundamente conmovedora en las zonas remotas de Kenia consiste en enseñar a los niños pequeños a preparar siempre más comida de la necesaria en cada comida familiar, anticipando constantemente que algún viajero cansado pueda necesitar alimento y un lugar donde descansar durante la noche. Esta es una educación temprana en hospitalidad donde el regalo de la benevolencia proviene de un corazón abundante, no de la escasez o la necesidad. Tampoco interviene el miedo, pues existe una realidad tácita de que cualquier viajero sería un insensato si robara o dañara a una familia anfitriona, ya que toda la comunidad actuaría inmediatamente para protegerla. Y aunque el tribalismo sigue siendo frecuente, una vitalidad continúa irradiándose hacia los vecindarios y uniéndolos, fortaleciendo su cohesión mediante un comportamiento hospitalario entre cada tribu, a medida que comparten puntos en común. La exitosa historia de la Escuela Ngochoni Petals of Africa es precisamente un ejemplo de ello. HOSPITALIDAD DENTRO DE UNA FUNDACIÓN INTERRELIGIOSA EN UN CAMPUS UNIVERSITARIO La única fundación interreligiosa ubicada en un campus universitario en los Estados Unidos se encuentra en un pequeño edificio temporal, pero normalmente rebosante de los rostros sonrientes de estudiantes, miembros del clero y profesores. Es un centro de actividad donde constantemente se realizan reuniones espirituales, consejerías y servicios multirreligiosos. Un aspecto único de esta comunidad también incluye un almuerzo semanal muy concurrido abierto a estudiantes, profesores, sacerdotes, capellanes, ministros, rabinos, imanes y cualquier otra denominación que desee estar representada. Compartir comidas juntos es un aspecto de la hospitalidad que construye relaciones sólidas, algo visible aquí en la alegría de trabajar unos con otros: en este caso, organizando y desmontando mesas y sillas, decorando para celebraciones, cocinando y sirviendo alimentos en grupo, realizando presentaciones musicales y participando en conversaciones estimulantes. Una abundante diversidad cultural está siempre presente. Todos interactúan con expresiones llenas de afecto, ya sea que estén haciendo tareas, socializando, comiendo o rezando individual o colectivamente. Los eventos de recaudación de fondos siempre cuentan con gran asistencia, ya que se comparten los atributos clave de la hospitalidad: cálidas bienvenidas, manos dispuestas y corazones abiertos. Esta Fundación Interreligiosa proporciona un refugio seguro donde la hospitalidad se practica diariamente de manera natural y sin esfuerzo, como resultado espontáneo del amor y la gratitud por su espacio sagrado dentro del campus. HOSPITALIDAD EN CLASES DE ESCUELA DOMINICAL Y FOROS ABIERTOS EN LOS VECINDARIOS Enseñar a todos los niveles de clases de escuela dominical en una iglesia y dirigir foros abiertos multiculturales en vecindarios ha brindado numerosas oportunidades para utilizar y enseñar hospitalidad y comportamiento hospitalario durante más de 30 años. A través del uso de historias y símbolos (el “Entrenamiento Jedi” era uno de los favoritos entre los más pequeños –no tenga miedo de improvisar e innovar–) apropiados para cada nivel escolar, se discutían y practicaban actitudes hospitalarias mientras los jóvenes enfrentaban cuestiones morales y éticas, muchas veces mucho más complejas de lo que correspondía a su inocencia. La enseñanza espiritual no está destinada a ser teórica, sino profundamente práctica en la vida cotidiana de cada uno de nosotros, y ciertamente es necesario formar a nuestros jóvenes en la manera de relacionarse con la familia y los amigos, compañeros de clase, grupos escolares y maestros. La hospitalidad y sus cualidades inherentes son recursos necesarios para sus “loncheras mentales” y para contrarrestar obsesiones culturales populares, como mantener la mirada fija en los teléfonos celulares. Apoyé el crecimiento de su comprensión mediante una sociabilidad orientada al acompañamiento más allá de la escuela dominical y los foros abiertos, asistiendo a sus salones de clase, clubes de teatro y cenas con los padres. Esto proporcionó un modelo para que estudiantes y padres siguieran practicando la hospitalidad dentro de sus propios entornos. Como líder servicial, maestra y defensora de una hospitalidad radical, este trabajo fue una verdadera actividad de construcción comunitaria que ofreció a niños pequeños, jóvenes y adultos una experiencia muy diferente, centrada en la importancia de crear comunidades basadas en sus cualidades hospitalarias inherentes. HOSPITALIDAD EN LA INDUSTRIA DE LOS RESORTS Cuando trabajaba en la industria de la hospitalidad, con formación en servicio Silver Tray y servicio francés, se me presentó la oportunidad de llevar estas habilidades a un gran resort de esquí recientemente adquirido en Nueva York para entrevistar, seleccionar y capacitar a todo el personal de servicio. Esta oferta se presentó no solo por las habilidades que había desarrollado, sino más por el hecho de que era considerada una de las servidoras más exitosas, basándose en las propinas recibidas. Me vi obligada a analizar por qué esto era cierto, ya que en ese momento simplemente estaba agradecida por los ingresos. A medida que esta oportunidad se desarrolló, entrevisté a un gran grupo de residentes de Nueva York con poca o ninguna experiencia en servicio. Por lo tanto, las decisiones de contratación se basaron en gran medida en la personalidad, ya que las habilidades pueden enseñarse a quienes están abiertos y receptivos a aprender algo nuevo. También tuve el placer de planificar y seleccionar la nueva paleta de colores del diseño interior y todos los accesorios para crear un ambiente de calidez, generosidad y prosperidad. Sin embargo, para que el resort y el personal tuvieran éxito, descubrí que era necesario cultivar las cualidades espirituales inherentes al término hospitalidad, y que estas también debían incluirse como un aspecto vital de la capacitación del personal. De manera natural y sin esfuerzo, esto se tradujo en una experiencia muy exitosa tanto para los huéspedes como para el personal, y mantuvo el resort con una ocupación superior al 90 %. Este mismo principio se aplica al éxito del voluntariado en actividades sin fines de lucro, incluyendo la recaudación de fondos y amistades, así como el trabajo comunitario. Hoy estamos entrando en una nueva era de la economía, pero lo sagrado continúa evolucionando en todas las cosas; y descubriremos que las mismas cualidades espirituales y éticas presentes en la hospitalidad son válidas para todos los esfuerzos de la humanidad. HOSPITALIDAD DESDE UNA PERSPECTIVA ÚNICA DE UN BED AND BREAKFAST Como hemos señalado, en los últimos años la hospitalidad ha adoptado una orientación más capitalista, enfocada en entretener clientes de negocios, delegados u otros visitantes oficiales. Pero la experiencia real descrita a continuación puede ayudarnos a comprender el negocio de la hospitalidad desde un punto de vista espiritual y el impacto de esa visión sobre la comunidad en general. La propietaria y anfitriona de un bed and breakfast (B&B) en una comunidad artística compartió una perspectiva única. Su idea de hospitalidad consistía en “poner una buena mesa.” Esta mujer, que se definía a sí misma como una persona no religiosa, pero con el corazón de un león y el alma de una artista, practicaba diariamente el más alto nivel de hospitalidad al crear una atmósfera que daba la bienvenida a todos sin prejuicios ni juicios de ningún tipo. No veía enemigos y nunca encontraba a un extraño. Los clientes que intentaban confrontarla eran desarmados con compasión. Esta conciencia resultó ser una fortaleza de seguridad y generosidad hospitalaria durante más de 17 años en su hogar como anfitriona de un bed and breakfast. No era un B&B común. Ella y su esposo comenzaron el bed and breakfast como una forma de recaudar fondos para su organización benéfica favorita. Durante los primeros tres años, todas las ganancias fueron destinadas a la organización, no solo un porcentaje. Su alegría era tan grande y libre de cargas que decidieron diseñar y construir una casa “ecológica” para proporcionar un descanso especial a los viajeros, una idea muy adelantada al movimiento ecológico actual. En el diseño, se tuvo en cuenta la belleza, la forma y la funcionalidad en cada detalle: desde el ángulo de la casa y la trayectoria del sol, hasta la ubicación de ventanas estilo catedral y tragaluces, paneles de energía solar y sistemas de recolección de agua de lluvia almacenada en enormes depósitos. Todo esto demostraba que su concepto de hospitalidad trascendía lo convencional y se extendía al medio ambiente, a la tierra y a la abundante vida silvestre de este pueblo costero entre los pinos. No es de extrañar que tuvieran un éxito extraordinario. Y todo esto comenzó cuando ella tenía apenas 65 años de juventud. La propietaria y anfitriona del B&B describía a sus clientes como un grupo auto seleccionado muy diferente de los viajeros que buscan la experiencia anónima de un hotel o motel. Sus huéspedes, tanto antiguos como nuevos, esperaban con entusiasmo los desayunos familiares de la mañana, acompañados de conversaciones animadas cara a cara. La música barroca acariciaba suavemente cada pensamiento mientras el aroma del café recién hecho llenaba el aire, y los panqueques suecos, la fruta fresca y el jarabe deleitaban el paladar. Todo esto ocurría sobre el fondo de una mesa cálida y colorida, decorada con toques de fantasía que alegraban el alma, ubicada en lo alto de una colina con vistas, a través de ventanas tipo catedral, hacia un bosque de pinos a solo una milla del océano Pacífico. ¿Quién podría resistirse a una experiencia tan encantadora, una expresión pura del amor en acción? Sin duda, esta mujer sabía cómo preparar una buena mesa y dirigir un negocio próspero, pero también cómo servir a la comunidad a través del recurso espiritual de la hospitalidad. EL PODER TRANSFORMADOR DE LA HOSPITALIDAD A medida que aprendemos más sobre los principios rectores de la hospitalidad, no se sorprenda si comienza a aparecer una transformación. ¿Hacia dónde podría conducir esa transformación? Dentro de usted mismo, podría llevarlo a ser más: Inspirado y valiente Claro (desinteresado, libre de agendas personales) Disciplinado y feliz Poderoso (“Cuando el poder del amor supere el amor al poder, el mundo conocerá la paz” – Jimi Hendrix) Abundante Abiertamente auténtico y digno Pacífico Lleno de propósito orientado al bien común Hacia los demás, podría volverse más: Acogedor y receptivo (como oyente) Compasivo Enfocado Amable, educado y cercano Generoso y caritativo Honesto Reconfortante y accesible Lleno de gracia, y dispuesto a corresponder y nutrir Y la comunidad misma podría volverse más: Conscientemente curiosa Resiliente Firme Responsable y constructiva en el diálogo Dinámica Ética Resuelta Llena de alegría, celebrando que sus miembros tienen el honor de servirle Cultivar la hospitalidad y el comportamiento hospitalario es una de las inversiones más sabias posibles: es una inversión en uno mismo, en las relaciones, en la comunidad y en los asuntos globales. DESARROLLANDO Y PROMOVIENDO EL ARTE DE LA HOSPITALIDAD Como puede verse y sentirse a través de las ilustraciones anteriores, un primer requisito para desarrollar y promover la hospitalidad es acercarse a cada situación desde un centro pacífico de pensamiento preparado y expectante. Pero, ¿cómo llegamos desde aquí hasta allí? Recordemos que la hospitalidad es un valor espiritual con muchas ramificaciones, que se extienden de manera no lineal. En consecuencia, desarrollar la hospitalidad requiere una apertura y receptividad mental como punto de partida para que la semilla de la hospitalidad pueda crecer, desarrollarse y promoverse. Existen muchos métodos que nos permiten movernos hacia un espacio central de paz interior. Y aunque lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra, a continuación se describe un camino útil. ENSEÑANDO Y APRENDIENDO HOSPITALIDAD Y COMPORTAMIENTO HOSPITALARIO A TRAVÉS DE UNA PRÁCTICA MEDITATIVA Para quienes buscan una manera de calmar su diálogo interno y redescubrir su centro espiritual para que brille una hospitalidad auténtica, he diseñado un proceso creativo llamado Siete Pasos para Cultivar la Conciencia Espiritual. Una descripción y detalles de estos Siete Pasos se presentan en una herramienta que acompaña esta sección. Los Siete Pasos han demostrado ser muy efectivos para transformar comportamientos que anteriormente no estaban alineados con los valores espirituales de la hospitalidad. Aunque este proceso no pretende ser obligatorio ni prescriptivo, puede acelerar el progreso individual y colectivo o grupal para aprender a: Comprender los matices de la hospitalidad que pueden ampliar el marco de referencia de una persona Fortalecer la confianza, potenciar la gentileza de espíritu y desplazar de la conciencia comportamientos emocionales poco útiles Escuchar y seguir la propia voz interior de guía, permitiendo el descubrimiento constante de ideas nuevas e innovadoras Permitir el flujo de una actitud genuinamente hospitalaria que continúe expandiéndose y volviéndose más inclusiva para su comunidad Los Siete Pasos nos enseñan que debemos celebrar la bondad dondequiera que se encuentre, pues el espíritu de la hospitalidad se siente con mayor intensidad cuando las relaciones humanas, las costumbres familiares y los antiguos sistemas de creencias están atravesando cambios drásticos. Y debemos abrazar estos cambios con gratitud y aprecio, ya que son señales de nuestra evolución espiritual desde la hostilidad hacia la hospitalidad. Aunque hemos identificado siete pasos clave para cultivar la conciencia espiritual, la práctica continua es la verdadera clave. No debemos pensar que un estudio superficial de esta o de cualquier otra herramienta de enseñanza y aprendizaje logrará algo significativo. Más bien, estamos describiendo una práctica meditativa que requiere constancia, valoración y cuidado de la hospitalidad para hacer surgir sus dones. Debemos escuchar nuestra alma con una renovada comprensión espiritual, porque eso abre puertas para enriquecer profundamente nuestras vidas y las comunidades en las que vivimos, trabajamos y convivimos. En palabras de Lao Tse: “La música en el alma puede ser escuchada por el universo.” Para resaltar el valor práctico de la práctica meditativa, presentemos algunos ejemplos que muestran cómo dicha práctica puede conducir a resultados poderosos en el mundo real. EJEMPLOS REALES DE CÓMO LA PRÁCTICA MEDITATIVA INSPIRA LA CONSTRUCCIÓN DE COMUNIDAD Capacitando Voluntarios en el Arte de la Hospitalidad La oficina principal de una importante editorial de la Costa Este me pidió reclutar y desarrollar un grupo de más de 100 representantes voluntarios de publicaciones para contactar librerías en la Costa Oeste. Esto implicaba capacitación en muchas áreas. Era un proyecto de base que requería un espíritu pionero; los nuevos reclutas que deseaban formar parte de este proyecto tenían muy poca experiencia en algo remotamente relacionado. Los nuevos reclutas necesitaban formación en hospitalidad. Esta capacitación era interactiva y se basaba en los Siete Pasos para Cultivar la Conciencia Espiritual, descritos en el Apéndice de esta sección. Enseñaba cómo superar la resistencia abordando primero la resistencia dentro de nosotros mismos. Este método actúa como un sistema de filtración que responde a las objeciones antes de que surjan, mediante un enfoque tan amable que rara vez es percibido como tal. Además de reunir a los reclutas y capacitarlos mediante sesiones grupales e individuales, mi trabajo consistía en organizar eventos en librerías, y el trabajo de los voluntarios era asegurar que todas las librerías de la cuenca de Los Ángeles y ciudades circundantes estuvieran completamente abastecidas con un libro en particular. Dado que muchas librerías no habían oído hablar de ese libro ni de su autor, era muy necesario que los voluntarios comprendieran y asimilaran las cualidades espirituales de la hospitalidad, pues estos recursos son influencias más efectivas que las técnicas tradicionales de ventas. Y finalmente, la mayoría de las tiendas respondió positivamente al incluir el libro en sus estanterías. La mayoría de los voluntarios no tenía absolutamente ninguna experiencia en el área de la hospitalidad, y mucho menos en reunirse cara a cara con gerentes que no querían almacenar nada más allá de lo que ya tenían en sus estantes y almacenes. Rápidamente se hizo evidente que era necesario un gran día de capacitación grupal sobre hospitalidad. Me propuse encontrar un lugar que pudiera acomodar una gran reunión, ubicado de manera céntrica para la mayoría de los voluntarios. Así que me sorprendió gratamente descubrir un hotel de primer nivel y de importancia histórica en Manhattan Beach, California, propiedad de una exestrella de cine con un corazón de gran benevolencia. Cuando compartí mi deseo de realizar una capacitación masiva sobre hospitalidad para nuestro trabajo, ella ofreció gratuitamente su hotel y su personal, siempre que ella y algunos de sus empleados pudieran asistir a las sesiones. Fue un hermoso ejemplo de la sincronía del Amor. Como líder servicial que veía este proyecto triunfar a través de esos voluntarios, mi gratitud se desbordaba constantemente. La gratitud es otro poderoso aspecto de la hospitalidad que da origen a bendiciones inesperadas de maneras imprevistas y llenas de alegría; ¡espere esto también en su propio trabajo! En este ejemplo, se creó una microcomunidad de personas dedicadas dentro de una enorme metrópoli, difundiendo las cualidades espirituales de la hospitalidad en cada calle que recorrían, en cada mano que estrechaban y en cada librería. Su huella aún puede sentirse. Y fue reconocida y apreciada por la editorial de la Costa Este, que luego me envió a representarlos y capacitar a otros en reuniones de la Asociación Americana de Libreros en Chicago, luego en Boston y Portsmouth, New Hampshire, para continuar formando a un grupo internacional de gerentes de ventas. Hospitalidad Dentro del Vecindario Cada mañana, en las primeras horas del amanecer, paseaba a mis dos amados galgos afganos antes de despertar a la familia para la escuela y prepararme para ir al trabajo. A menudo era un momento de profunda reflexión y oración para comenzar el día. Sin embargo, debo admitir que hubo ocasiones en que pasear a los perros se sentía más como una obligación que como una oportunidad para apreciar todo lo que estas hermosas criaturas aportaban a nuestra familia. Y hubo días en los que incluso resentía esta actividad, aunque los perros no eran de mis hijos, sino míos. Pero un día, después de muchos años recorriendo la misma ruta por el vecindario, una vecina anciana salió de su casa para acercarse a nosotros. Me informó que se mudaría. Mi primera impresión, dado que yo también era presidenta de la asociación de propietarios del vecindario, fue pensar que esa era la razón de su acercamiento. Sin embargo, mientras continuaba hablando, me expresó con una gratitud inquebrantable que cada mañana se sentaba junto a la ventana con su café y esperaba vernos pasar. Ese simple acto de pasear a mis perros le hacía sentir una profunda paz y una completa sensación de seguridad. También me confesó que podía percibir el amor que yo expresaba por mis perros y por nuestra comunidad, en parte gracias a mi presencia constante durante tantos años. Nos abrazamos mientras las lágrimas fluían libremente por nuestras propias razones de profunda gratitud. Esa gratitud es un poderoso aspecto de la hospitalidad, porque uno no puede recibir verdaderamente sin saber cómo dar incondicionalmente. El reconocimiento de que había tocado el corazón de alguien sin siquiera ser plenamente consciente de ello era, en realidad, un acto “incondicional” de entrega amorosa, fluyendo libremente hacia la comunidad. Este fue un poderoso ejemplo de hospitalidad en acción. Aquí hay otro: El Poder Sanador Directo de la Hospitalidad Como capellana, mi práctica espiritual matutina después de pasear a mis galgos afganos consistía en estudiar, meditar y orar durante varias horas antes de cualquier otra actividad. Una mañana, una amiga que había conducido una gran distancia para compartir un día de compras planeado con anticipación irrumpió literalmente por la puerta mosquitera del frente enfurecida debido a un difícil viaje de tres horas. Otro conductor había intentado sacarla de la carretera y casi lo había logrado. No ayudó a su cuerpo enrojecido y tembloroso descubrir que yo todavía estaba en estudio y oración y que aún no estaba lista para ir de compras. Cada vez que intentaba levantarme para vestirme, era como si una mano sobre mi hombro me sentara nuevamente para continuar en oración. Y obedecí sin cuestionarlo. La preparación de la conciencia espiritual estaba a punto de abrir varios regalos en un solo día. Primero, mientras observaba en silencio a mi amiga dentro de mi hogar, sin levantarme de la silla y sin decir una palabra, vi cómo su ira se derretía como cera caliente descendiendo por su cuerpo hasta desaparecer en sus pies. Permaneció inmóvil por un momento, luego sonrió cálidamente y preguntó con suavidad si ahora ya podía prepararme para nuestro día juntas. Le sonreí con cariño y me dispuse a hacerlo. Segundo, ahora completamente renovada y relajada, insistió en conducir. Mientras nos acercábamos a nuestro primer destino, vimos a dos hombres sosteniendo carteles de cartón rasgados hechos a mano que decían: “Trabajaré por comida.” No era una escena poco común desde hacía demasiados años. Sin embargo, esta vez fue muy diferente para mí. Insistí en detenernos para hablar con un hombre en particular. Mi amiga estaba totalmente en contra de ello, pero con una confianza firme persistí. Sabía exactamente con cuál hombre debía hablar e hice arreglos para recogerlo al día siguiente. Desde una perspectiva puramente mundana, mi amiga insistía en que yo no solo era ingenua, sino extremadamente imprudente. Su mente quedó consumida por objeciones constantes. ¿Cómo podía siquiera considerar llevar a un hombre sin hogar a mi casa? Estas objeciones continuaron durante todo el día de compras y abarcaban desde posibles robos hasta sufrimiento físico, tortura o muerte violenta, todo en un intento de mover mi pensamiento de la conciencia elevada que estaba sosteniendo hacia un estado de miedo. Cualquier pequeña porción de miedo habría sido suficiente para ella. Aunque intentaba calmar sus temores con cada respiración, podía ver que mis palabras, aunque llenas del espíritu del amor, nunca serían suficientes para convencerla de que existe seguridad en seguir la intuición espiritual que impregna la conciencia. Y mantener la pureza de la intuición espiritual es necesario para garantizar esa seguridad, porque incluso una pequeña semilla de corrupción, por mínima o sutil que sea, arruinará toda la bendición y hará que caiga en el terreno donde el miedo reina. Mantener el axioma “Como en el cielo, así también en la tierra” era mi tarea en ese momento, y ella (y yo) estábamos a punto de descubrirlo en tiempo real a través de mi experiencia, que más tarde ella compartiría. Habíamos sido mejores amigas durante mucho tiempo; nuestros hijos habían atravesado juntos su adolescencia y ahora tenían sus propias familias. Mis únicos compañeros de casa eran mis amadas mascotas. Normalmente habría considerado sus objeciones, dada su gran capacidad de persuasión basada en nuestra larga amistad. Sin embargo, esta situación no pertenecía al ámbito de nada derivado o planeado humanamente. Era una invitación de mi intuición espiritual para aceptar el trabajo de aquel hombre a cambio de comida. Después de recogerlo al día siguiente, le mostré todo lo que necesitaba reparación en mi casa. Anteriores carpinteros y trabajadores de mantenimiento me habían dicho que algunos pequeños desperfectos no podían repararse. Estaba a punto de descubrir la grandeza de las bendiciones de la hospitalidad, para ambos. Este hombre era un carpintero talentoso y me aseguró que todo podía arreglarse, desde las cosas más pequeñas hasta las más grandes. Mi siguiente insistencia hacia este hombre fue que tomara una ducha muy necesaria, mientras yo lavaba todas sus pertenencias, incluyendo su saco de dormir. Los olores eran muy difíciles de manejar y superar, pero pude ofrecerle ropa limpia del clóset de uno de mis hijos, que aún no había revisado, y luego le preparé una comida caliente completa antes de esperar cualquier trabajo de su parte. Nuestra conversación durante la cena fue completamente abierta mientras compartía sus experiencias como persona sin hogar: los porqués y las circunstancias. Debido a leyes de otro estado, su exesposa se había quedado con la casa que él mismo había diseñado y construido para su vida juntos, dejándolo únicamente con su camioneta y sus herramientas. Luego fue golpeado y le robaron todas sus herramientas, y después también su camioneta. Literalmente no le quedaba nada. Otro hombre sin hogar le había dado el maloliente saco de dormir que llevaba usando durante más de un año, su única fuente de calor y consuelo. Cuando lo conocí, vivía debajo de un puente. Y, al no tener hogar, se veía obligado a moverse constantemente, escondiéndose bajo arbustos o debajo de autopistas, ya que una persona sin hogar en nuestra sociedad suele entrar en conflicto con la ley. (Las autoridades frecuentemente buscan desplazar a las personas sin hogar fuera de sus comunidades. ¿Se ha convertido su propia ciudad en una ciudad de compasión y hospitalidad en el sentido más amplio? Si es así, se revelarán bendiciones inherentes.) Me sentí tan profundamente impulsada por la presencia amable y la total honestidad de este hombre que le ofrecí una hospitalidad completa a cambio de su trabajo. Esto incluía compartir mi hogar, con su propio baño y artículos de aseo nuevos; preparar toda la comida –comíamos juntos–, lavar su ropa y confiar en él dentro de mi casa mientras yo trabajaba o compraba alimentos. Reparó todo con el talento de un verdadero artesano, incluso llegó a pintar una habitación. Por las noches compartíamos conversaciones brillantes, juegos de mesa y televisión; nos convertimos en excelentes “compañeros de hogar.” Aceptó mi hospitalidad durante aproximadamente un mes, cuando mi mejor amiga, aunque originalmente había sido totalmente opuesta a esta situación, le preguntó si podía ayudarla en su casa de las montañas (ya que yo no había aparecido muerta). Él aceptó. Ella pudo ofrecerle un pequeño salario y un lugar donde vivir a cambio de su trabajo. Varios meses después, ella lo ayudó a encontrar otro empleo, una situación más lucrativa que le permitió reintegrarse a una nueva forma de vida a la que pertenecía, porque había sanado de su dolor y de su profundo resentimiento. No existe forma de medir los beneficios de la expansión de conciencia y del poder espiritual que surgieron de esta experiencia completa de hospitalidad, con todas sus bendiciones añadidas para todos los participantes. Escuchamos espiritualmente la canción del otro, se la devolvimos al cantarla, y fortalecimos aunque fuera en pequeña medida el tejido de la humanidad en su conjunto. POSIBLES IDEAS INICIALES PARA LA HOSPITALIDAD EN LOS VECINDARIOS NOCHE DE HOSPITALIDAD COMUNITARIA Muchas comunidades en las que he vivido participan en una Noche Anual de Hospitalidad, generalmente en diciembre. Es una maravillosa celebración comunitaria en el centro de la ciudad donde los vecinos se reúnen. Las decoraciones y luces navideñas adornan las calles creando una sensación de magia, mientras los vecinos pasean con sus familias y mascotas, saludando a otros y conociendo nuevos amigos. La música en vivo llena el ambiente y las calles, con grupos de villancicos disfrazados recorriendo la zona, y una llegada especial de Santa Claus y sus renos a su “casa,” con nieve real traída en camiones desde las montañas de California para los niños. Mientras sus padres esperan en fila, los niños pueden jugar en la nieve antes de compartir sus sueños e ilusiones con Santa. Hay encendidos de árboles navideños, campanas de coros de iglesias y cantos comunitarios, mientras tranvías recorren la costa contribuyendo a la celebración. Las ceremonias de reconocimiento y gratitud hacia los miembros y voluntarios de la comunidad por sus contribuciones individuales ocupan un lugar central y son un aspecto vital de esta celebración hospitalaria. Los negocios ofrecen comida y bebidas gratuitamente junto con importantes descuentos en las tiendas; algunos incluso contratan músicos talentosos que crean su propia atmósfera dentro de cada establecimiento. Es un ambiente de calidez, alegría y buena voluntad que influye en el comportamiento de todos los participantes, tanto así que he visto cómo varios malentendidos de larga duración entre vecinos se disolvían dentro de este contagioso clima de bondad y compañerismo. CANASTAS DE BIENVENIDA PARA NUEVOS VECINOS Aunque el mayor regalo de todos sería sembrar un pensamiento amoroso en el corazón de un nuevo vecino, otra idea adicional es ofrecer una canasta de bienvenida que permita que la hospitalidad entre acompañada del espíritu de una sonrisa cálida y genuina. Una canasta llena de información sobre el nuevo vecindario, junto con una introducción a restaurantes locales, cafeterías, tintorerías e iglesias, además de un mapa del área proporcionado por la cámara de comercio y cupones de negocios locales, puede ser de gran utilidad. Pero no descuide incluir creativamente algunos alimentos deliciosos favoritos, flores o plantas por parte de quienes entregan la canasta, ya que estos elementos pueden iniciar una conversación y ayudar a conocer mejor al nuevo vecino y a su familia. Si hay niños involucrados, esta también es una maravillosa oportunidad para que los vecinos ya establecidos lleven a sus hijos para hacer las presentaciones, lo que además se convierte en un momento de aprendizaje tanto para quien da como para quien recibe sobre las maravillas de la hospitalidad dentro del vecindario. Sin embargo, no lo deje solo ahí: una visita de seguimiento demostraría que sus intenciones hospitalarias son genuinas. ALGUNAS OTRAS IDEAS Otras ideas podrían incluir: Fiestas de cuadra, que podrían crecer hasta convertirse en celebraciones de todo el vecindario.' Cocinar una comida compartida junto con diferentes amigos, vecinos e invitados. Una comida comunitaria tipo potluck con amigos para apoyar una organización benéfica local favorita, un refugio o una casa de transición. Una jornada de puertas abiertas durante las fiestas, sirviendo comida a cualquiera que entre por la puerta. En mi experiencia, esto fue un enorme éxito durante 21 años el Día de Año Nuevo, como parte de una celebración de tostadas francesas mientras se veía el Desfile del Rose Bowl. Sea creativo y explore nuevas maneras de compartir su hospitalidad y su amor dentro de su comunidad, superando cualquier temor latente que pueda impedirle avanzar. ALGUNAS LECCIONES PARA LOS CONSTRUCTORES DE COMUNIDAD Para construir una cultura de hospitalidad dentro de las comunidades a las que servimos, nuestro primer imperativo es atender nuestro propio equilibrio espiritual y desarrollar un punto de partida basado en la paz. Luego, debemos identificar eficazmente las necesidades de una comunidad, reconociendo los nuevos motores de cambio: la construcción de conciencia, la educación, el medio ambiente, las condiciones socioeconómicas y la tecnología. Después, necesitamos desarrollar enfoques innovadores para atender las necesidades humanas básicas de manera hospitalaria, basándonos en el sentido de valoración personal, la interconexión, la seguridad, la capacidad de maravillarse y la importancia de disfrutar el proceso (sin tomarnos demasiado en serio). Mientras participan en este proceso, los constructores de comunidad deberían preguntarse: “¿Esta innovación responde a una necesidad básica de una manera nueva y creativa?” “¿Qué nuevas expectativas se crearán?” “¿Qué impacto tendrá en la comunidad?” “¿Cómo influirá en los residentes, visitantes y turistas de la comunidad?” “¿Habrá consecuencias derivadas de los cambios propuestos?” y “¿Cómo continuarán las cualidades de la hospitalidad siendo la fuerza motivadora tanto para residentes como para visitantes?” Finalmente, debemos mantener el impulso, continuando inspirando comportamientos hospitalarios. Para ello, deberíamos: Inspirar el entusiasmo mutuo y la capacidad de cada persona para desarrollar sus propias ideas innovadoras. Crear una plataforma compartida de innovación mediante la colaboración, ya que el trabajo es más rápido, más eficaz y definitivamente más agradable cuando se realiza en conjunto. Empoderarnos mutuamente como colegas e innovadores valiosos y confiables. No deberíamos temer experimentar mediante la combinación de ideas; nuestras vulnerabilidades pueden convertirse en una fuente de valentía para el cambio. Romper las rutinas para mantener nuestro trabajo fresco, sin interferir con los cambios graduales en la comunidad: ¡Sea espontáneo! Reconocer que cada participante puede marcar una diferencia invaluable. Si podemos aplicar estos principios en la práctica, sin duda estaremos más cerca de la comunidad hospitalaria que todos deseamos. DESAFÍOS, PROBLEMAS Y PREGUNTAS PARA LA REFLEXIÓN Hemos analizado la hospitalidad desde perspectivas individuales y colectivas, mirando frecuentemente hacia nuestro interior, ya que la hospitalidad es un viaje interno de autorrealización que revela hermosas características espirituales que residen dentro de cada uno de nosotros. Sin embargo, existirán muchos desafíos para nuestra autenticidad al ser hospitalarios. Uno de los más comunes es el desacuerdo con otra persona, que tiende a manifestarse mediante evaluaciones competitivas y comparativas hechas por el ego. Hasta que aprendamos a construir o reconstruir un núcleo interno sólido de cualidades espirituales que no estén en conflicto entre sí, será necesaria una escucha paciente. En esencia, necesitamos desaprender los falsos mensajes educativos de la sociedad que nos atan a creencias de la infancia y traumas generacionales, en lugar de evolucionar hacia un estado más elevado de comportamiento hospitalario consciente. Buscamos una unión consciente en comunidad, donde nos sintamos seguros porque sabemos que la actitud de nuestros vecinos coincide con la nuestra, con un fuerte vínculo de reciprocidad que conduce a un sentido de confianza, cuidado y bienestar. Esto contrasta con una falsa sensación de seguridad desprovista de los valores espirituales antes mencionados. Tómese un momento para considerar este ejemplo: ¿Cómo sería para usted recibir hospitalidad desde la perspectiva de una familia inmigrante refugiada que acaba de llegar a la ciudad? Responda a su situación como si fuera la suya; permita que la compasión brote dentro de usted mientras siente su experiencia de desplazamiento, sin conocer a nadie, sin un punto de referencia, con pocos o ningún recurso, sin hogar, con el hambre reflejada en rostros llenos de dolor y ropa desgastada apenas sostenida sobre cuerpos agotados por experiencias devastadoras, sentados en una acera como venados paralizados ante las luces de una incertidumbre absoluta. ¿Mira hacia otro lado o simplemente no los ve? ¿O el llanto del rostro lleno de lágrimas de un niño conmueve su corazón lo suficiente como para captar su atención? ¿Está preparado para ofrecer algún tipo de consuelo? – un vaso de agua limpia, una conversación compasiva, una lista de recursos disponibles para ayuda temporal, expresiones de esperanza para una vida mejor o el reconocimiento de que su llegada es un maravilloso aporte para la comunidad? Ahora imagine que, en lugar de una sola familia, su comunidad recibe a toda una comunidad de inmigrantes que necesita un nuevo comienzo. ¿Cómo se vería este nivel de integración, considerando que presenta desafíos y cuestiones mucho más amplios de lo que la mayoría de las comunidades han considerado alguna vez? Aquí es donde la teoría se convierte en práctica. En el clima actual de inmigración a gran escala, este es un tema importante para reflexionar. ¿Cómo puede el valor espiritual de la hospitalidad ayudar a orientar las actitudes y políticas de individuos, comunidades y naciones enteras? ¿Tiene ahora más sentido la afirmación del sociólogo universitario Michal Vasecka? “Somos sociedades profundamente excluyentes. La migración revela esta verdad incómoda sobre nosotros mismos.” Pero, ¿hemos aprendido ya lo suficiente sobre la hospitalidad como para convertirnos en su encarnación espiritual y eliminar esta barrera dañina hacia nosotros mismos y hacia los demás? ¿Somos de corazón abierto, dispuestos a escuchar y capaces de recibir a los recién llegados de manera inclusiva y cálida, mientras enfrentamos constantemente los desafíos que afectan a ambas partes, pero que, cuando se abordan, enriquecen, fortalecen y revitalizan a una comunidad integrada? Aquí podemos recordarnos dos características fundamentales de la hospitalidad: (1) La identidad esencial de cada persona es su naturaleza espiritual; y (2) Todos somos interdependientes. Estas son leyes universales que pueden ayudarnos a “amar al prójimo como a nosotros mismos” y a no considerar a nadie como extranjero, permitiendo que cada persona sienta que pertenece a su nuevo entorno de una manera amorosa, cálida y profunda, sin juicios. Esta es la verdadera esencia y el verdadero valor de la hospitalidad, un recurso espiritual que nunca ha sido tan necesario. El trabajo comunitario también puede ser un espacio de aprendizaje donde las personas continúan enfrentando problemas personales y conductuales no resueltos, los cuales muchas veces tienen su origen en el miedo. Estos problemas pueden variar desde sentimientos de inferioridad hasta superioridad, desde una falsa humildad hasta arrogancia, desde vergüenza hasta vanidad, entre otros; simplemente esté prevenido y, por lo tanto, preparado. Porque como promotores de la hospitalidad, mientras trabajamos en nuestros propios desafíos personales con las herramientas y valores espirituales que hemos aprendido en estas páginas, también podremos ayudar a otros, y ciertamente deberíamos hacerlo si esa puerta se abre ante nosotros. Cuanto más nos desafiemos mediante la práctica diaria a ser hospitalarios en todas las situaciones, desde mantener una conversación amable en la fila de una tienda hasta comprender que no existen extraños, extranjeros ni límites para expresar amorosamente la hospitalidad, menos tendremos que pensar en ello, porque descubriremos que estamos siendo hospitalidad. Ese es un punto extraordinario que merece destacarse. Si la hospitalidad y las cualidades espirituales se integran verdaderamente, no generan agotamiento. De hecho, ocurre exactamente lo contrario: la persona se siente exponencialmente fortalecida y renovada. Porque la hospitalidad compromete plenamente y se renueva a sí misma constantemente. CONCLUSIONES GENERALES Ahora que hemos compartido nuestro conocimiento sobre el arte sagrado de la hospitalidad, unámonos en la mesa de la conciencia y reflexionemos sobre cómo la hospitalidad nos llena de valores espirituales que constantemente van tejiendo la historia de nuestras vidas, tanto individualmente como de manera interdependiente para nuestras comunidades. Nuestro gran amor por la humanidad, impregnado de estos valores espirituales claramente definidos, puede permear el ambiente a través de la atmósfera, el servicio, la gastronomía, el entretenimiento y la protección. El arte de la hospitalidad consiste en estar en armonía con este sistema de valores espirituales y sus cualidades de comportamiento. Existe un valor práctico en cada paso aprendido y practicado. Recuerde que un rostro cálido y sonriente revela un corazón lleno de alegría y es una fuerza atractiva que invita a todos a participar en la comunidad. Para cultivar y desarrollar eficazmente las cualidades de la hospitalidad, esta necesita convertirse en su práctica diaria. En esta práctica cotidiana, en esta disciplina espiritual, la conciencia se prepara para atender las necesidades de su vecindario, sus encuentros casuales con extraños, visitantes y vecinos, y su capacidad de servir verdaderamente a su comunidad como una presencia hospitalaria. Recorra el camino de Abraham, practique ser el Buen Samaritano, discipline su capacidad de escuchar para percibir la dimensionalidad, los estados y las etapas de conciencia en las conversaciones y acciones, con el fin de negociar y orientar eficazmente el mejor avance progresivo para la comunidad en su conjunto. El secreto definitivo es conocerse a sí mismo a medida que estas cualidades espirituales se cultivan, e infundir luego su influencia moral en el tejido de nuestras comunidades, mientras también se comprende profunda y fundamentalmente todas las dimensiones de la comunidad para ayudar a mantener su infraestructura fuerte, sostenible y segura. Más allá de eso, el pensamiento crítico es indispensable para una comunidad saludable. Continúe poniendo a prueba y cuestionando sus propias suposiciones, eliminando lo que ya no sirve y permitiendo que los procesos de sanación fortalezcan su determinación por su comunidad y por usted mismo. Pregúntese: “¿Qué se necesita para construir una comunidad progresivamente hospitalaria?” “¿Estoy viviendo los valores que apoyan una comunidad progresivamente hospitalaria?” y “¿Mi vida ejemplifica mis más altos estándares de comportamiento hospitalario?” Una comunidad impregnada de hospitalidad transforma vidas, de maneras sutiles y sublimes. No debe dejarse engañar por mensajes basados en el miedo, supersticiones, falta de confianza, recursos limitados o información falsificada destinada a mantenerlo prisionero e inmovilizado en un estado de apatía; todo esto en contraste con participar en la alegría de ofrecer generosamente una sonrisa cálida que derrite corazones, compartir una comida que alimenta el alma u ofrecer un comentario sincero que permanece como una presencia viva de consuelo, apoyo y seguridad. Es su disponibilidad radical para ser una influencia hospitalaria dentro de su comunidad lo que se convertirá en una bendición que se nutre y sostiene a sí misma, con el poder de bendecir a todos aquellos que estén abiertos a recibirla.